Reputación y lobby, más prioritarias que nunca

Reputación y lobby, más prioritarias que nunca

Por: Juan Iramain, Socio Director de INFOMEDIA.

Publicado en Consejo de Relaciones Públicas: Reputación y lobby, más prioritarios que nunca

Las relaciones públicas cambian al ritmo de la sociedad. Crecen las exigencias de transparencia, sustentabilidad y compromiso con la comunidad, y las empresas buscan adaptarse a sus públicos lo más rápido que pueden. La prioridad sigue siendo generar condiciones reputacionales y regulatorias para hacer viables los negocios.

Si quisiéramos sacarle una foto a las relaciones públicas, saldría movida. Veríamos algo nítido, que es lo que parece estable, y una parte borrosa, la que está en movimiento. Es clave, por eso, distinguir los planos.

Las relaciones públicas (que podrían llamarse asuntos públicos, comunicaciones corporativas y de muchos otros modos) se definen por su objetivo, igual que cualquier otra profesión. Se puede debatir hasta el infinito sobre el tema, pero la definición que probablemente aporte más claridad sea una fórmula sintética que combina el aporte académico con la experiencia corporativa: las relaciones públicas son la función del management que tiene el objetivo de generar las condiciones reputacionales y regulatorias para el éxito de una organización. Punto. Esto es lo que sale claro en la foto, lo que no cambia: el para qué de las relaciones públicas.

Las condiciones reputacionales son la base. El área de relaciones públicas trabaja en el relacionamiento con diversos stakeholders para generar un contexto de opinión pública favorable: accionistas, inversores, colaboradores, sindicatos, proveedores, clientes, socios, aliados estratégicos, líderes de opinión, periodistas, académicos, dirigentes sociales, reguladores y un largo etcétera que tienen un punto de vista sobre una determinada organización. Si es favorable, viento a favor. Si no lo es tanto, amenaza. Por eso las áreas de comunicación, interna y externa, y de sostenibilidad o RSE.

Las condiciones regulatorias dependen casi siempre de las reputacionales: leyes, decretos, resoluciones ministeriales, dictámenes judiciales. Todo un andamiaje jurídico que hace posible el normal funcionamiento de las organizaciones. La reputación otorga licencia social para operar; la regulación da legitimidad jurídica para hacerlo. Por eso con comunicación no basta. El área está completa si hace lobby: si contribuye a generar o proteger el marco regulatorio que hace viable el negocio.

Lo que se mueve en la foto es el resto. El cómo. Hace décadas el de las relaciones públicas era sobre todo un trabajo de know who: el que tenía en su agenda los nombres y los teléfonos de los 30 periodistas más relevantes del país tenía la mitad del trabajo hecho. Lo bueno, que importaban las relaciones personales. Lo malo, el riesgo de la transaccionalidad: mucho foco en la pauta, los viajes, las becas y los regalos por el día del periodista. Los tiempos cambiaron: importa ahora más el know how que el know who.

Cambió la escucha: pasamos del clipping al social listening. Hay inteligencia artificial (todavía insuficiente) y cabezas pensantes intentando interpretar montañas de datos. Ahora la intuición hace pie en los números. Cambiaron los medios: ya no es un puñado de diarios, revistas y programas de cable o radio. Se suman ahora miles de portales digitales y blogs. También los influencers de las redes, cuya voz vale más que la de la autoridad consagrada. Cambió el modo: ya no es la comunicación unidireccional o si acaso dialogada. Ahora es conversación permanente en redes donde todos opinan en una perpetua tertulia horizontal. Un ciudadano cualquiera tiene el poder de fuego que antes tenía sólo un periodista. Cambió el mundo. Y va a seguir cambiando.

Lo que a veces se olvida es que el rol de relaciones públicas no sólo tiene la función de comunicar a la organización con sus públicos, sino la de escuchar lo que los públicos tienen para decirle a la organización. No es tan obvio lo que está pensando la sociedad, entre otras cosas porque siempre está cambiando. Durante la pandemia del coronavirus el público quiso cosas distintas de las empresas en distintos momentos. Primero, que hablara con su público interno y le dijera “cuido tu salud y la de tu familia, y voy a tratar de darte continuidad laboral”. Después, que acompañara al gobierno con sus “quedate en casa” y sus “lavate las manos”. Más tarde, que pensara en beneficios para sus clientes en estos tiempos difíciles. Luego, que descomprimiera con algo de humor. Ahora, que contribuya a una perspectiva de futuro y que ayude a la comunidad. Mañana, nadie lo sabe. Son expectativas que cambian. Y el rol de relaciones públicas: captar esas tendencias y educar a sus organizaciones sobre lo que la sociedad espera de ellas.

Trabajo apasionante con el que es imposible aburrirse. Y cada vez más estratégico para las organizaciones. Depende de nosotros que así se entienda.

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