Desafiar la distancia

Desafiar la distancia

Por: Valeria Franco, Gerente General de INFOMEDIA.

Si generar pertenencia e instalar una determinada cultura organizacional es la inquietud que típicamente desvela a cualquier persona atenta al desarrollo de la comunicación interna, hoy el desafío está exponencialmente complejizado por un factor tan físico como emocional: la distancia.

Porque no es solo la nostalgia por compartir un mate, almorzar juntos o co-habitar la misma oficina para que surjan las charlas espontáneas y los chistes no planificados. También duele -y tal vez más- la palmada de aliento que no pudo ser, la sonrisa de satisfacción de haberlo logrado juntos, la mirada que todo lo dice sin decir una palabra. Entonces, el riesgo que nos impone la inevitable distancia física es grande, y tiene todo el potencial de transformarse en peligrosa distancia emocional… o no.

Porque no hay historias guionadas ni desenlaces inevitables. Hay cientos de oportunidades diarias que, desde una gestión estratégica y consciente de la comunicación, pueden hacer toda la diferencia entre un resultado u otro. Cada organización puede elegir cómo comunicarse, y por ende, cómo escribir su propia historia.

Las recetas universales paso a paso funcionan muy bien en la cocina, no en comunicación. Pero sí hay ingredientes que han demostrado no fallar cuando de comunicación interna se trata:

  • Esforzarse por entender la realidad desde anteojos distintos a los propios, para ampliar la mirada y comprender otras perspectivas. La mitad de los problemas surgen de la incapacidad de desconfiar de nuestras propias explicaciones de lo que vivimos, tanto cuando somos miembros de un equipo como cuando somos responsables de la organización. Le damos valor de verdad a nuestra perspectiva, y desde ahí sentimos, nos enojamos, valoramos y actuamos. Ponernos los anteojos de la otra parte es la llave que abre la puerta del verdadero entendimiento.
  • Responder como organización con creatividad y amor a las necesidades que se detecten en nuestro equipo, a nivel general o individual. Dar respuestas a medida, personalizadas. Y sí, hacerlo con amor.
  • Promover los detalles que significan mucho, aquellos gestos o acciones simbólicas que no necesariamente implican un presupuesto, pero que demuestran que estamos pendientes de nuestro equipo: agasajos sencillos a domicilio, saludos en fechas importantes para cada persona o llamados personalizados en épocas de pandemia, por poner solo algunos ejemplos.
  • Desarrollar un reconocimiento sistemático, individualizado y sincero de todo aquello que suma, que construye. Volverse una organización que agradece de manera serial, valorando cada pequeño o gran accionar positivo de cada persona del equipo es una de las patologías que más curan y nutren a las instituciones.

El objetivo es intentar seguir construyendo confianza a pesar de la distancia. Sobre todo, en épocas de pocas seguridades. Recordemos: la confianza es aquel sentimiento entre personas y organizaciones que nos permite avanzar cuando no hay seguridades. En algún sentido, es lo contrario a la seguridad, y es la clave para que un equipo funcione por arriba del nivel promedio.

Entonces, la invitación es a que la distancia física no nos llene de excusas “tranquilizantes” sobre el inevitable golpe al clima interno, la incapacidad de mantener los vínculos como antes, la natural desmotivación que esto conlleva… nada de esto está escrito, a pesar del contexto. Más aún: es un apasionante desafío para quienes comprenden el valor transformador y el potencial de construcción que existe en la comunicación, para no solo mantener a nuestros equipos conectados a pesar de la distancia, sino emocionalmente aún más unidos.

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