Amores, odios y dudas

Adorni, la inflación y la recesión por un lado. El superávit fiscal, el dólar bajo y la compra de reservas por el otro. En las últimas semanas, dos narrativas en pugna hacen pensar que el Gobierno fracasó o que, muy al contrario, llegó para cambiar la historia.

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15-04-2026

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No es una novedad. El país está dividido en tres: cucas, gorilas y dispersos. Y este último grupo, un poco menos numeroso que los dos primeros, es el que en general define las elecciones: en una primera vuelta, apoyan al candidato que más les gusta, y en el ballotage —con menos entusiasmo— votan por un gorila o por un cuca, según sea el tipo de incomodidad que en ese momento los aqueje. Así llegó al poder Javier Milei, y antes Alberto Fernández, y antes la mayoría de sus predecesores desde la reforma constitucional de 1994.

Un gobierno está de luna de miel cuando logra apoyos no solo entre sus feligreses, sino también entre buena parte de los dispersos: Alberto entre abril y mayo de 2020 o Milei durante casi todo su primer año. Pero lo normal es otra cosa: que los fieles apoyen, que los contrarios se opongan y que los dispersos estén divididos y escépticos. Es lo que muestran las encuestas ahora: Milei conserva su casi 40% de núcleo duro y el otro 60% se lo reparten críticos acérrimos y dispersos más o menos desencantados. Nada nuevo bajo el sol.

El debate en cafés, medios y redes refleja ese paisaje —no hay que sorprenderse—, aunque no siempre se tienen presentes las razones de estas divisiones:

Preferencia ideológica. Jonathan Haidt identificó la clave hace tiempo: según el entorno en el que nacemos, las influencias que recibimos y las características de personalidad con las que venimos al mundo, los seres humanos tenemos diversos grados de adhesión a ciertos valores innatos. Nuestras preferencias progresistas o conservadoras provienen de ahí, y solo bajo condiciones muy especiales podemos cambiarlas. Somos cucas, gorilas o dispersos casi como una fatalidad.

Coherencia cognitiva. El cerebro humano está hecho para sobrevivir. Y sobrevivimos mejor cuando tenemos el estrés bajo control. Y nada reduce tanto el estrés como creer que tenemos razón. Cuando un dato contradice nuestros prejuicios, nos inquietamos porque nos obliga a revisarlos, y eso nos da inseguridad. Por eso preferimos los datos que confirman nuestras creencias, y no nos pasamos de bando tan fácilmente: gorilas, cucas y dispersos morimos con las botas puestas. Muchas veces equivocados, pero casi siempre firmes.

La vuelta a lo básico. Otra vez la supervivencia: no importan tanto las generalidades, sino el metro cuadrado. Muchos cucas y gorilas morirán con las botas puestas, sin concederle nada al adversario, aunque la evidencia sea abrumadora. El disperso —el que te hace ganar o perder una elección—, en cambio, vota de una manera si tiene trabajo, le alcanza el sueldo y siente que puede salir a la calle sin que lo asalten, y de otra si no puede hacer nada de eso. Y, casi siempre sin entusiasmo, termina apoyando al cuca o al gorila que mejor le vende un futuro alentador.

Ni estamos en una crisis terminal ni vivimos en Disney. Sucede que en la conversación pública compiten la narrativa de la oposición y la del Gobierno, y hay días en los que prevalece la idea de que Milei es un fracaso, y hay días en los que parece que el León está haciendo historia. Y apoyamos o nos oponemos según seamos cucas, gorilas o dispersos (y según nos esté yendo en la vida).


Ilustración: gentileza GM+AI

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Tres preguntas a Albino Barrera. Es un sacerdote filipino, profesor de Economía y Teología en Providence College, Rhode Island, Estados Unidos. Antes estudió Ingeniería de Gestión Industrial, con especialización en Mecánica y obtuvo un doctorado en Yale. Luego entró en la orden dominica y comenzó con su labor docente y editorial.

—La pasión por el dinero parece regir el mundo de los negocios, a veces descrito como una “carrera de ratas”. ¿En qué medida se ajusta esa imagen a la realidad?
—He escuchado varias historias en esa línea, donde rige la ley de la selva. Pero no se puede meter el universo corporativo entero en el mismo saco. Sí, existen sectores y espacios muy duros, como ciertas áreas de Wall Street. Ahora bien, y gracias a Dios, no todos los entornos funcionan igual. Hay cantidad de compañías con dinámicas sanas y equipos colaborativos. Dedicarse a los negocios no equivale a convertirse en un “capitalista bucanero”. Las iniciativas sociales lo prueban. Mi ejemplo favorito es la panadería Greyston, en Nueva York, impulsada en 1982 por el maestro budista Bernie Glassman. La fundó en Yonkers, una zona con altos niveles de pobreza, delincuencia y adicciones, con mucha gente sin hogar. El proyecto nació con la misión de ofrecer oportunidades profesionales a los excluidos del sistema. Desde entonces, su eslogan sigue siendo el mismo: “No contratamos para hornear brownies. Horneamos brownies para contratar gente”. El modelo funcionó. El local creció hasta convertirse en proveedor de brownies para Ben & Jerryʼs. Proyectos como el de Glassman demuestran que cabe compatibilizar un negocio rentable con la custodia del honor de los contratados.

—¿Qué varía en la manera de concebir el mercado cuando se adopta el espíritu de Glassman?
—En la teoría económica común, capital y mano de obra suelen situarse en el mismo plano analítico como factores reemplazables en modelos de producción. Muchas veces esa nivelación se hace sin malicia, pero tiene consecuencias: así, el capitalismo depredador reduce la actividad humana a un recurso más. La perspectiva de Glassman rompe con este paradigma. Para él, el ejercicio profesional no actúa como un insumo añadido, como un conjunto de elementos que “toman” parte en la producción de otros bienes, sino como un fin en sí mismo. El pensamiento cristiano insiste en la primacía del trabajo humano y en la dignidad de la persona. El empleo dignifica. La encíclica Laborem Exercens, publicada por san Juan Pablo II en 1981, desarrolla esta idea y coloca al profesional en el centro, como sujeto que crea valor con su acción. La norma de oro que el cristiano debe aplicar siempre, también mientras se gana el pan, consiste en tratar a los demás como espera que le traten. Este precepto ya se regía por la Ley de la Alianza en el Antiguo Testamento: los ciudadanos no recibían lo mismo pero sí gozaban de igualdad y respeto mutuo.

—¿Qué entiende por desarrollo económico, un término que usa con frecuencia?
—Para explicarlo, conviene especificar qué lo diferencia de progreso porque, aunque a menudo se usan como sinónimos, no significan lo mismo. Progresar entraña una mejora o avance en cualquier ámbito. El desarrollo económico, en cambio, encierra un sentido más específico: describe el paso de un régimen agrícola hacia una estructura con industria y servicios. Por definición, implica progreso, pero abarca mucho más que el simple avance. Un ejemplo sencillo: cuando al trabajador se le ofrece dejar el campo por un empleo en una fábrica bajo techo, protegido del clima, suele aceptarlo. Esto supone una mejora en la calidad de vida, es decir, un paso adelante en el desarrollo económico. Para que un desarrollo resulte viable, necesita cumplir con la tzedek, la justicia en el Antiguo Testamento. Hablar de integridad implica que cada criatura refleja y comunica a las demás la dimensión particular de la bondad y perfección divina que encarna, según el modo propio de su existencia. Y esto ocurre en dos niveles: como individuos y como cuerpo social. Por tanto, el desarrollo integral requiere honrar todas nuestras relaciones, y en este orden: con Dios, la comunidad cercana, los marginados, la Tierra y las futuras generaciones. Alcanzar este término marca el punto de referencia de la sostenibilidad auténtica.

Las tres preguntas a Albino Barrera se tomaron de la entrevista que le hizo María Domingo, publicada originalmente en la revista Nuestro Tiempo. Para acceder a la conversación completa podés hacer click acá.

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SEO. Uno de los mayores desafíos, cuando se genera contenido para que habite en la red, es hacerlo atractivo no sólo para la inteligencia humana, sino también para la artificial. Además de programar los websites respetando la alquimia que sólo conocen los iniciados, está al alcance de cualquiera googlear un determinado tema, revisar los aspectos que cubre, aplicarles herramientas especializadas como Semrush y determinar cuáles son las palabras que mejor ranquean. Este artículo de Tony Patrick entra en detalles sobre cómo optimizar el contenido para, desde el momento mismo en que se genera, resulte atractivo para los buscadores.

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Academia. La investigación sobre comunicación de crisis se ha centrado tradicionalmente en la reputación de las organizaciones y en estrategias para neutralizar las acusaciones. Como consecuencia de eso, hay conocimiento limitado sobre comunicación de crisis de un organismo público con un enfoque anticipatorio. Este artículo propone una mirada prospectiva del manejo de crisis en el gobierno con un enfoque basado en objetivos de comunicación y distingue dos dimensiones básicas de crisis: reputacional/resiliencia y estratégica/operativa. Buenos insumos para cualquier organismo el gobierno. En la Argentina y en cualquier lugar del mundo.

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Oportunidades laborales

Dept inició la búsqueda para la posición de Director, Delivery (Creative & Media).


¡Hasta el próximo miércoles!

Juan.


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