Brasil: giro a la derecha
La derrota de Lula en la primera vuelta electoral obliga a preguntarse qué está pasando con los votantes en Brasil y en el resto de América Latina. ¿Es una derrota más del oficialismo o se está consolidando un giro ideológico?
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07-10-2026
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“Si alguna vez ocupaste la presidencia de tu país y ahora estás cumpliendo una condena, y querés desplazar a quien está en el poder y que te indulten, poné a tu hijo como candidato. No a un gobernador; no a un senador. A tu hijo”. Voces apócrifas ponen eso en boca de Jair Bolsonaro y bromean con la imaginación febril del kirchnerismo más puro, el que no se resigna: ¿y si Cristina hiciera lo mismo y ungiera como candidato a Máximo? La política se está volviendo una rama de la literatura fantástica.
El triunfo de Flávio Bolsonaro en las elecciones brasileras —impensable hace unos meses — genera interrogantes de todo tipo: si el resultado, como se espera, se repetirá en el ballotage; si a la Argentina le conviene un Brasil alineado con los Estados Unidos; si en la etapa que ahora empieza el Mercosur terminará de morir o si, por el contrario, se verá revitalizado… Pero la pregunta del millón es otra: ¿cómo es que Bolsonaro sacó dos millones de votos más que Lula, si al Gobierno no le iba tan mal? Impossível saber isso.
Aunque más moderado en su discurso, Flávio hereda la carga simbólica de su padre. Por eso es pertinente comparar la performance económica del gobierno de Jair con la de Lula, por si ahí estuviera la clave de este resultado:
PBI. Jair Bolsonaro empezó con un crecimiento modesto de 1,2% en 2019, cayó el -3,3% por el COVID-19 en 2020 y cerró el año siguiente con una recuperación del 2,9%. Más bien flojo. Lula, en cambio, demostró un dinamismo mayor del que esperaban los mercados: 3,4% en 2024 y 2,3% en 2025. No le fue mal al líder del PT.
Desempleo. Durante la primera mitad del gobierno de Bolsonaro, se mantuvo alto por la pandemia, aunque terminó su mandato con una baja que lo dejó en torno al 8,7% al cierre de 2022. Pero Lula en esta materia se sacó un 10: la desocupación alcanzó mínimos históricos para Brasil, consolidándose en niveles que rondan el 5,3%. Deberían premiarlo.
Inflación. La etapa bolsonarista tuvo un pico del 10% en 2021, en parte por la crisis de la cadena global de suministros, desacelerando al 5,8% en diciembre de 2022. En el gobierno de Lula, se estabilizó en un rango controlado: cerró en 4,3% en 2025 y se ubica cerca del 4,9% anual en 2026. ¿No debería, acaso, estar contenta la gente?
Déficit fiscal. Bolsonaro, el ortodoxo, entregó las cuentas con superávit primario en 2022, con fuertes restricciones al gasto estatal durante la mayor parte de su ciclo. En cambio, durante el período de Lula, el keynesiano, el gasto público se expandió hasta llevar el déficit nominal a niveles cercanos al 8,5% del PBI. Mal por Lula en este rubro.
Deuda pública. Don Jair logró una tendencia a la baja tras el impacto fuerte de la pandemia, cerrando su mandato con una deuda del 73% del PBI. Durante el período de Lula, en cambio, subió de forma constante hasta alcanzar el 82,6%. Flojo, y consistente con el dato del déficit fiscal. Pero ¿alcanza para que la gente le quite su apoyo al PT?
El déficit y la deuda pública no parecen razones suficientes para explicar la derrota de Lula. Tampoco el escándalo del Tribunal Supremo Federal. Quizá, más bien, sea una suma de razones. Y el desgaste natural de un hombre de 80 años que fue candidato a presidente siete veces y que está terminando su tercer mandato. O quizá sea una prueba más de que el ciclo hegemónico de la izquierda latinoamericana, que se extendió por más de dos décadas, está del todo agotado.
Ilustración: gentileza GM+AI
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Tres preguntas a Carlos Sánchez Berzain. Es un abogado y político boliviano. Fue ministro de la Presidencia, ministro de Gobierno y ministro de Defensa durante los gobiernos constitucionales de Gonzalo Sánchez de Lozada.
—Flávio Bolsonaro le ganó a Lula da Silva en la primera vuelta. ¿Qué puede pasar ahora?
—De repetirse este resultado en el balotaje del 25 de octubre, la derrota de Lula marcará el fin del principal gobierno para-dictatorial de las Américas, caracterizado por la servidumbre a la dictadura de Cuba y a su expansión antidemocrática y delictiva en la región. Luis Ignacio Lula da Silva fundó en 1990 el Foro de San Pablo como operador de Fidel Castro con el propósito de proteger y sostener la dictadura castrista en Cuba. En noviembre de 1989 había caído del Muro de Berlín y la Unión Soviética se desmoronaba hasta que se disolvió en diciembre de 1991, con lo que terminó la “Guerra Fría”, marcando el triunfo del capitalismo sobre el comunismo. La dictadura de Cuba, bajo la narrativa de “revolución” fue la principal plataforma de la Unión Soviética en las Américas y sobrevivió como dictadura parásita del sistema comunista. La disolución de la Unión Soviética impuso el inicio del denominado “periodo especial” de la dictadura cubana, pero el efecto más importante fue el desfinanciamiento de las actividades terroristas, conspirativas, desestabilizadoras, guerrilleras y más que operaba Fidel Castro y su sistema de delincuencia organizada, que siguió operando como el primer narcoestado de la región.
—¿Cómo funcionaba el Foro de San Pablo?
—Bajo mando de Lula, ese foro, integrado por grupos terroristas como las FARC y el ELN, partidos y grupos de izquierda latinoamericana, ante la derrota del comunismo por el capitalismo, estableció como objetivo “la unidad de acción en la lucha antiimperialista y popular” y como estrategia la “multiplicación de los ejes de confrontación”, esto es la exacerbación de conflictos sectoriales, funcionales, regionales, raciales, de género y de todo tipo para deteriorar el sistema democrático. El grupo no tuvo mayor influencia hasta la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela en 1999, cuando con el aporte del dinero y petróleo venezolanos malversados por Chávez, del saber hacer criminal de Castro y el Foro de Lula, se inició la expansión de la dictadura cubana que hizo de Venezuela con Chávez y Maduro, Bolivia con Morales y Arce, Nicaragua con Ortega y Murillo, y Ecuador con Correa, dictaduras satélites bajo la denominación de socialismo del siglo 21 o castrochavismo.
—Desde tu punto de vista ¿cómo operó Lula desde su rol de liderazgo?
—La metodología de conspiraciones, desestabilización, golpes de estado, terrorismo, guerrillas, narcoterrorismo y todo tipo de crímenes contra gobiernos democráticos fue complementada por el financiamiento de candidatos para ganar elecciones y atacar la democracia desde dentro y así nacieron los “gobiernos para dictatoriales”, que son los “elegidos en democracia pero que sirven a regímenes dictatoriales para contribuir a su sostenimiento y permanencia con acciones de legitimación y apoyo, incumpliendo obligaciones jurídicas internacionales y perjudicando sus propios intereses nacionales”. El siglo 21 que debió ser el de la democracia plena, porque se preveía el fin de la dictadura de Cuba, fue el de la expansión de la dictadura de Cuba con su antiguo operador Lula que, desde la presidencia de Brasil, desestabilizó gobiernos democráticos participando en su derrocamiento, sostuvo a las dictaduras ignorando las violaciones a derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, y promovió y financió el caso de corrupción trasnacional más grande de la historia regional, el “Lava Jato”.
Las tres preguntas a Carlos Sánchez Berzain se tomaron del artículo publicado bajo el título “La derrota de Lula: qué significa para América Latina”, publicado originalmente en Infobae. Para acceder a su versión completa podés hacer click acá.
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Ser recordables. Capturar la atención de las audiencias, lograr interesarlas, hacer que lo que decimos quede en la memoria. No hay una fórmula mágica para lograrlo pero sí experiencias que se van mostrando exitosas. Este artículo destaca tres factores que hacen que una marca se impregne más fácilmente en la memoria de los públicos: 1) menciones destacadas (la marca en el título o el primer párrafo, y su repetición); 2) imágenes con la marca incluida: está probado que su recordabilidad es 200% mayor para los recursos visuales que para las palabras; 3) contenido útil (consejos, tips, instructivos): es una manera de responder a la pregunta ¿qué hay para mí de todo esto? Todo suma.
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Academia. El éxito de una campaña de comunicación a través de los medios y las redes se mide de múltiples maneras. Uno de los criterios es la recordabilidad de lo que se comunica. Este artículo de James Galpin desarrolla el modo en que operan cinco variables para hacer más recordable una pieza de comunicación: 1) lo que se dice es importante para la audiencia; 2) lo que se dice es diferente de lo que habitualmente se ve o lee; 3) produce impacto emocional porque tiene factores capaces de generar empatía; 4) la información estuvo disponible y se encontró recientemente; y 5) la información se encuentra con frecuencia y eso genera un efecto de repetición. El ABC de la comunicación, pero a veces olvidado, sobre todo cuando hay presión para hacer visible una marca, no matter what.
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Oportunidades laborales
Edelman Intelligence mantiene su búsqueda para la posición de Data & Intelligence Director - South Cone..
Cocos mantiene abierta su búsqueda de Head of Marketing.
¡Hasta el próximo miércoles!
Juan.
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