Franco, pasión de multitudes

Miles de personas salieron a las calles de Buenos Aires a vitorear a Colapinto en su paseo de exhibición: un fenómeno que, igual que sucede con la Selección de fútbol, puede entenderse en clave de identidad y orgullo colectivo.

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29-04-2026

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Más de 600 mil personas se juntaron para ver pasar a Colapinto por las avenidas de Buenos Aires. El pobre Franco todavía no ganó nada, pero ya lo tratamos como a un héroe. Es joven, simpático, audaz, competitivo. Además, pegó el salto a la F1 sin tenerlas todas consigo, de puro guapo nomás. Y eso nos gusta. Hay quien piensa que algo misterioso lo conecta con la Selección de Scaloni que, en otra escala, juntó a más de 4 millones de personas aquel glorioso diciembre de 2022, cuando nos trajo la Copa del Mundo. Pura pasión popular.

¿Qué nos pasa con Franco o con Messi y sus compañeros? ¿Qué nos entusiasma de los Pumas cuando vemos que pelean de igual a igual con las grandes potencias del rugby? ¿Por qué nos enorgullecen las viejas glorias argentinas de todos los deportes? ¿Qué nos generan San Martín, Borges, Leloir, Favaloro, Piazzola, Soda Stereo o Les Luthiers cuando escuchamos que algún extranjero pronuncia sus nombres con admiración? Finalmente, y con las disculpas de quien tenga otras preferencias políticas, ¿qué le pasa a medio país cuando Milei recibe aplausos y reconocimientos en New York o Tel Aviv?

Este fenómeno complejo —llamémoslo “orgullo nacional”— merece algún pensamiento, por sus implicancias sociales y políticas:

Pertenecer. Sobrevivimos como especie porque supimos agruparnos para buscar comida, defendernos de las bestias salvajes y cuidar a los más débiles. Ser tribales nos hizo fuertes y, de paso, nos otorgó identidad colectiva. Por eso nos gustan los rituales que nos recuerdan que somos parte de algo más grande. Por eso la emoción ante el Himno y la Bandera. Y por eso el culto a los sobreentendidos que nos hacen sentir argentinos.

Destacarse. Si formar parte de un grupo es siempre atractivo, ser miembro de la tribu que gana, la mejor, la que más se destaca, resulta irresistible. Los pueblos —y las organizaciones— tienen relatos míticos en los que sus héroes brillan, se destacan. La Argentina, todavía adolescente, como la pensaba Ortega y Gasset, quizá necesita todavía demostrarse que puede, que está a la altura. Y por eso celebra cada logro como si en eso le fuera la vida.

Proyectarse. Las experiencias colectivas no solo dan cohesión por su referencia a un pasado glorioso, ni por servir para celebrar los triunfos presentes: contribuyen a imaginar un futuro promisorio que renueva y fortalece la identidad de un país o de una organización. Las sociedades sin un proyecto común, tienden a morir. Por eso la mira en la próxima carrera, en el Mundial, en las elecciones, en lo que sea que esté por venir.

Trascender. Ser parte de algo mayor, sentir orgullo por eso, imaginar un futuro colectivo: todos ingredientes del fenómeno gregario. Y un paso más: la aspiración a quedar en la memoria, a trascender, a no morir del todo. El plural nos inmortaliza: quedamos en el recuerdo de alguien y, de alguna manera, permanecemos, aunque ya no estemos. Tal vez, sin plena conciencia, es una de las razones por las que celebramos rituales conmemorativos.

Quizá la gente salió a la calle a celebrar a Colapinto con la ilusión de que Fangio reencarne en él y nos corone de nuevo de gloria. Y sea una pieza más de ese proyecto colectivo al que adherimos, a veces sin plena conciencia, con independencia de a quién votemos: el que nos hace querer que la Argentina sea grande otra vez.


Ilustración: gentileza GM+AI

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Tres preguntas a María José Rubio. Es una psicóloga española, experta en neurociencias. Es profesora en la Universidad Internacional de Valencia (VIU) y codirige la Cátedra VIU‑NED de Neurociencia Global y Cambio Social. Últimamente se ha enfocado en el impacto cognitivo que tiene abuso de las redes sociales en los jóvenes.

—¿Por qué el cerebro se vuelve adicto a las redes sociales?
—En mi opinión, las redes sociales están aprendiendo a hablar el idioma biológico del cerebro. No estamos ante una simple herramienta de comunicación sino ante entornos diseñados para explotar mecanismos muy antiguos de recompensa, anticipación y necesidad de pertenencia. Cada notificación, cada like, cada novedad activa circuitos dopaminérgicos relacionados no tanto con el placer como con la expectativa de recompensa. Y eso es especialmente potente cuando la recompensa es variable e impredecible, porque el cerebro queda enganchado esperando “la próxima”. Y algo que nos preocupa es que en los menores este tema es aún más delicado, porque su corteza prefrontal —que es la región implicada en el autocontrol, la planificación y la regulación de impulsos— aún está madurando.

—Desde la perspectiva de la neuropsicología, ¿cuán cierto es que, con tantos estímulos, se nos está “pudriendo” el cerebro?
—Yo no diría que el cerebro se está “pudriendo” porque esa expresión es demasiado alarmista pero sí creo que estamos viendo una reorganización preocupante de nuestros hábitos mentales. El cerebro es plástico: se adapta a aquello que hacemos de forma repetida. Si lo entrenamos en la fragmentación, en la urgencia o en el consumo rápido de estímulos, se vuelve más eficaz en eso, pero menos competente para sostener la atención, tolerar el aburrimiento o profundizar. El verdadero riesgo no es una degeneración cerebral en sentido literal. Lo que debe preocuparnos es la posible erosión de ciertas capacidades cognitivas superiores por falta de uso. Te pongo una analogía: igual que el cuerpo se resiente con el sedentarismo, la mente también se empobrece cuando vive instalada en la sobreestimulación y la superficialidad. No es que pensemos menos: pensamos peor, más rápido y con menos profundidad.

—¿Qué impactos concretos en el cerebro están teniendo las redes sociales, según la neurociencia?
—Lo que observamos es una combinación muy clara de fatiga atencional, impulsividad y dificultad creciente para sostener el esfuerzo mental. El scroll infinito elimina el punto de cierre que es muy importante para el cerebro. Antes, una actividad tenía un principio y un final; ahora entramos en dinámicas de consumo sin límite, donde siempre hay un estímulo más esperando. Eso mantiene al cerebro en un estado de vigilancia constante. Además de eso, la gratificación instantánea va moldeando nuestras preferencias: cada vez cuesta más tolerar procesos lentos, complejos o que no ofrecen recompensa inmediata. El problema es haber construido ecosistemas digitales que estimulan la generación de dopamina de forma continua, intensa y sin apenas fricción. Eso genera un efecto muy claro: lo cotidiano empieza a parecernos poco. Una conversación tranquila, una lectura larga o incluso el descanso quedan en desventaja frente al estímulo rápido, brillante y constante.

Las tres preguntas a María José Rubio se tomaron de la entrevista que le hizo Mariana Toro Nader, publicada originalmente en Ethic. Para acceder a su versión completa, podés hacer click acá.

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La Ilustración. Arturo Pérez-Reverte lo dice con contundencia: Europa está dejando morir una parte clave de su identidad. Eso que la convirtió en un faro para el mundo durante siglos: el pensamiento crítico, lejos de los dogmatismos. Y el orgullo por su pasado griego, romano, judío y cristiano. Este artículo denuncia con claridad inusual ese proceso de decadencia que pone al Viejo Continente en el lugar de un museo o un parque de diversiones poblado por gente sin proyectos ni ambición. Una oportunidad para reflexionar, y reaccionar antes de que sea demasiado tarde.

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Academia. John Fullerton, ex banquero de JP Morgan, explica en este libro qué es lo que llama “capitalismo regenerativo”. Parte de un principio simple: los patrones y principios universales que utiliza el cosmos para construir sistemas estables, saludables y sostenibles, pueden y deben ser utilizados en el mundo real como un modelo de referencia para el diseño de los sistemas económicos. Este enfoque parece ponerse por encima de la tensión entre liberales y keynesianos y puede ser un punto de partida alternativo para pensar la sustentabilidad de las empresas.

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Oportunidades laborales

The Walt Disney Company inició su búsqueda para la posición de Director, Business Affairs.

Visa activó su búsqueda de un Director.


¡Hasta el próximo miércoles!

Juan.


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