La mente del periodista en la era del espectáculo

En el número pasado hablamos de la lógica de la política. Le toca el turno ahora a los medios de comunicación, que están en plena transformación, jugándose su supervivencia. Un lugar al que los comunicadores, inevitablemente, deben prestar atención.

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25-03-2026

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El periodista vive en tensión. Por un lado, encarna el “Cuarto Poder”, esa reserva moral encargada de vigilar los desaciertos de los tres poderes del Estado. Por el otro, vive de una maquinaria comercial que debe ser consistente con la línea editorial del medio para el que trabaja, con los intereses de sus anunciantes y, fundamentalmente, con los dictados del tiránico algoritmo de la atención. Estas exigencias convierten al acto de informar en un ejercicio de equilibrismo en el que la búsqueda de la verdad compite con la necesidad de no aburrir a una audiencia que tiene el pulgar siempre listo para el scroll infinito.

Para entender cómo piensa un periodista hoy, hay que despojarlo de la mística del “perro guardián” de la democracia y observarlo como un estratega de la narrativa en un mercado de escasez atencional. Su psicología no es solo la de un buscador de datos, sino la de un curador de realidades que debe filtrar el caos del mundo a través de un prisma que resulte, a la vez, políticamente aceptable para su medio, económicamente viable para sus sponsors y narrativamente atractivo para su público. Así se explica por qué algunas piezas se parecen más a un capítulo de una serie de suspenso que a un informe noticioso.

Aunque los ángulos desde los que se podría analizar al periodismo son casi infinitos, acá va una propuesta que puede ayudar a diseccionar este complejo mundo:

La investidura del vigilante y la ceguera funcional: El periodista opera bajo la convicción de que su función es informativa y docente: imprescindible para que el ciudadano no quede desarmado frente al poder. ¿El riesgo? Que esta autopercepción de superioridad funcional derive en una ceguera respecto a sus propios sesgos. Quien se cree árbitro del sistema, con frecuencia olvida que él mismo está “investido” por una convención preexistente y que sus interpretaciones están tan condicionadas por sus propios prejuicios como las de los demás.

La ideología como contrato de lectura: Ningún medio es una isla de neutralidad. El periodista piensa dentro de los márgenes de una línea editorial que funciona como un imán para su audiencia, creando comunidades de sentido que buscan validación más que información. En este escenario, la noticia se transforma en un elemento transaccional: se ofrece una visión sesgada del mundo que refuerza la identidad de la audiencia. A cambio, el medio recibe su lealtad. Por eso, la moderación pierde terreno frente a la polarización, que magnetiza la brújula del interés público.

El fantasma del sponsor y la ética del compromiso: La gestión de intereses no es patrimonio exclusivo del lobby corporativo: vive también en las redacciones. El periodista navega la sutil frontera entre la independencia profesional y el compromiso con quienes sostienen la estructura económica de su medio. Esta presión no siempre se manifiesta como censura directa, sino como una “sensibilidad de agenda”: condiciona la elección de qué temas enfatizar y cuáles dejar en la periferia para no incomodar a los aliados estratégicos que permiten que el medio subsista.

La tiranía del click y la estética del escándalo: El mayor miedo del periodista moderno no es el error, sino la irrelevancia. En la economía de la atención, aburrir es el pecado capital. Esto obliga a que las noticias se conviertan en historias diseñadas para la gratificación instantánea. El pensamiento periodístico se vuelve fragmentario, priorizando el titular impactante y la lógica de la grieta: el conflicto genera más clicks que el consenso. Y se construye una narrativa de urgencia constante para evitar que el espectador, siempre escaso de paciencia, se mude a otra pantalla.

La inteligencia artificial y el refugio en lo humano: Ante el avance de la IA y la automatización de la información, es natural que el periodista busque su diferencial. La respuesta parece estar en la capacidad de generar emociones en la audiencia, algo que la tecnología no emula todavía con la misma profundidad. Crecen las chances de supervivencia del periodista que aporta un ángulo inusual a sus análisis: su nombre se vuelve una marca personal que, en un contexto de incertidumbre y dudas, ofrece confianza a una parte de la audiencia.

Los periodistas habitan ese espacio incómodo que hay entre el idealismo del buscador de verdades y el pragmatismo del superviviente corporativo. Quien lo entiende, se amiga con la realidad. Y hasta puede encontrar más oportunidades, junto con ellos, de hacer de este mundo un lugar mejor para vivir.


Ilustración: gentileza GM+AI

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Tres preguntas a Richard Edelman. Es un empresario estadounidense, presidente y CEO de la consultora global de relaciones públicas Edelman desde 1996, empresa fundada por su padre.

—¿Cómo describirías el principal hallazgo del último Edelman Trust Barometer?
—El poeta inglés John Donne escribió en el siglo XVII la inmortal frase: “Ningún hombre es una isla entera en sí misma”. Esta declaración memorable de nuestra necesidad mutua es ahora reemplazada por la insularidad, un estado psicológico moldeado por miedos y crisis. El Edelman Trust Barometer 2026 revela que el 70% de nuestros 33.938 encuestados en 28 países ahora son reacios o no quieren confiar en alguien que tiene valores, fuentes de información, enfoques de problemas sociales o antecedentes diferentes a los suyos. Esta mayoría se mantiene en diferentes niveles de ingresos, género, grupos de edad, mercados en desarrollo y desarrollados. Estamos eligiendo un ecosistema cerrado de confianza que exige una visión del mundo limitada, un estrechamiento de opiniones, estancamiento intelectual y rigidez cultural. La desconfianza es el instinto por defecto. Solo un tercio de los encuestados nos dice que la mayoría de las personas son de fiar. Los encuestados cerrados afirman que tendrían una confianza profundamente menor en las instituciones si estuvieran dirigidos por alguien diferente a ellos (-28 puntos o más, en comparación con personas con mentalidad de confianza abierta). Nos estamos retirando del diálogo y del compromiso. Optamos por la seguridad de lo familiar frente al riesgo percibido de la innovación. Preferimos el nacionalismo a la conexión global. Elegimos el beneficio individual sobre el avance común, el Yo sobre el Nosotros.

—¿Cómo hemos llegado hasta acá?
—En sus veinticinco años de existencia, el Trust Barometer ha capturado una erosión inexorable de la creencia en las instituciones y sus líderes. La confianza ahora es local en mi empleador, mi CEO y mi círculo social. Encontramos una brecha de confianza de 15 puntos entre los que más y los que menos ganan en todo el mundo, con los Estados Unidos liderando el grupo con una brecha de 29 puntos entre las clases. Las preocupaciones sobre la movilidad económica a la baja y la pérdida de empleos por la globalización han incrementado la polarización política. El Covid-19 generó dudas sobre los edictos gubernamentales y escepticismo hacia la ciencia, provocando una batalla existencial por la verdad. Las tensiones geopolíticas han llevado al nacionalismo, la hostilidad a los acuerdos globales y una reorientación de los flujos comerciales. El año pasado, el Trust Barometer documentó un descenso hacia la queja, con seis de cada diez encuestados diciéndonos que sienten que las acciones empresariales y gubernamentales les perjudicaron, sirvieron solo a algunos intereses y que el sistema favorece injustamente a los ricos. Hoy, nuestra mentalidad se ha alejado de la alarma y la ira para quedar en la dura coraza de la insularidad.

—¿Hay alguna manera de contrarrestar la insularidad?
—Sí, se puede hacer a través de un concepto novedoso que llamamos Intermediación de Confianza. Este puente ayuda a crear un camino para el progreso y la cooperación a pesar de la insularidad, al sacar a la luz intereses comunes y traducir realidades. El principal Intermediador de Confianza debe ser Mi Empleador, que es próximo y fiable. Aunque se espera que cada institución intermedie la confianza, el empleador es el único considerado como una buena empresa por la mayoría, con un 58 por ciento. Ahora la oficina se considera el espacio más seguro para debatir temas difíciles porque existen normas de comportamiento. Es Mi Empleador quien traduce retos macro como la IA, la globalización y la asequibilidad en aplicaciones prácticas. Y, lo más importante, se puede ver un cambio tangible en tu vida diaria cuando los líderes se comprometen con nuevas decisiones. Mi Empleador debe hacer esto porque la insularidad socava la productividad, provoca rotación y amenaza la capacidad básica de liderar. Debe haber discusiones francas en el lugar de trabajo dirigidas por el CEO u otros líderes. Los miembros visibles de la comunidad, como médicos o pastores, deberían ser socios de confianza para promover el diálogo. Es así como la certeza autojustificada puede dar paso a la creencia en el futuro, guiada por Mi Empleador como principal intermediario fiduciario.

Las tres preguntas a Richard Edelman se tomaron del artículo titulado “Insularity – The Next Crisis of Trust”, publicado en el sitio web de su consultora. Para acceder a su versión completa podés hacer click acá.

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IA. Las empresas hacen camino al andar respecto de la Inteligencia Artificial. Muchas invierten millones en desarrollar la propia, pero el retorno de la inversión no siempre se ve con claridad en el horizonte. En este episodio de The McKinsey Podcast, Rich Isenberg se une a la directora editorial global Lucia Rahilly para explorar cómo los líderes pueden escalar la IA de forma segura, mitigar riesgos para los sistemas autónomos y generar la confianza necesaria para que la innovación se mantenga.

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Academia. El interés de la gente común por la economía de un país o una región no se basa en la mera curiosidad intelectual: la administración de los bienes y servicios escasos impacta en la vida diaria de las personas y sus familias. Por eso la prensa económica cumple una función social determinante: la de ayudar a entender lo que pasa (y lo que podría pasar) en la micro y la macro, y dar elementos para la toma de decisiones. Este libro de Arrese y Vara-Miguel ofrece una excelente selección de ensayos sobre el periodismo económico desde una perspectiva múltiple que incluye la historia, la ética, los efectos en la opinión pública, entre otras.

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Oportunidades laborales

Salesforce mantiene su búsqueda de Director, Business Strategy.

Assurant inició su búsqueda para la posición de People Organization Manager.


¡Hasta el próximo miércoles!

Juan.


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