La narrativa en disputa
La creación de la Oficina de Respuesta Oficial por parte del Gobierno activó la polémica sobre la libertad de expresión, la pluralidad de opiniones y el rol del periodismo en los sistemas democráticos. Un tema para analizar, dejando los prejuicios de lado.
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11-02-2026
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No es la primera vez que en estas pampas a un Gobierno se le da por promiscuar con el periodismo. El 7 de junio de 1810, cuando todavía no se habían cumplido dos semanas desde la Revolución de Mayo, la Primera Junta creó por decreto la Gazeta de Buenos Ayres y puso como director a Mariano Moreno, uno de sus secretarios. Sin pudores, el nuevo periódico explicaba que su objetivo principal era dar a conocer las decisiones del Gobierno. Y secundariamente —siempre y del modo que conviniera a la causa independentista— incluiría también algunas noticias locales y del exterior. O sea, era una especie de boletín oficial con alguna que otra nota más, de relleno.
Dicen los historiadores que el propio Moreno era quien escribía casi todas las notas, y las que no, estaban a cargo de Belgrano y Castelli, ambos miembros también de aquella gloriosa Primera Junta. Como si ahora el Gobierno fundara un medio con un DNU y lo pusiera a Adorni como director, y Toto Caputo y el Coloso Sturzenegger fueran los columnistas estrella. Un lujo. El caso es que, años después, el colectivo de periodistas decidió que su día sería el 7 de junio, en homenaje a la benemérita Gazeta de Buenos Ayres: una manera de decir que el periodismo argentino debería tomar como modelo aquel pasquín oficialista creado por decreto. Nada más alejado de la prensa independiente, mal que nos pese.
A la luz de ese antecedente ilustre, la creación de una Oficina de Respuesta Oficial (ORO) por parte del Gobierno admite todo tipo de interpretaciones. Acá se ofrecen algunos ángulos, por si suman para el análisis:
El qué. No parece en sí mismo problemático que el Gobierno dé su versión de los hechos relacionados con la cosa pública. Es más: tiene la obligación de informar a la ciudadanía sobre sus actos, como viene haciéndolo desde hace décadas —sin importar el color político— a través de comunicados oficiales, entrevistas y cadenas nacionales que difunde en páginas web, redes sociales y medios. Si un Gobierno no lo hiciera, se ganaría con justicia el mote de poco transparente.
El cómo. Cada época tiene sus preferencias: la Gazeta de Buenos Ayres resultó una buena idea para los independentistas en 1810. La agencia Télam de noticias, oficialista hasta la médula, fue celebrada como una iniciativa magnífica por buena parte de la ciudadanía en 1945. Y, más recientemente, el inolvidable 6,7,8 se convirtió en un programa imprescindible para la multitud de argentinos que apoyaban al kirchnerismo. Todas, herramientas de comunicación gubernamental comparables con la invención de Milei, que cuenta con el beneplácito de buena parte de sus seguidores.
El gris. En teoría, la nueva oficina no califica opiniones, que son libres, sino hechos, que deberían ser sagrados. El problema es el amplio mundo gris de la interpretación: “Nube obscura sobre la credibilidad”, se despachó poéticamente Graciela Bevacqua en referencia a los cambios en el INDEC, en una entrevista publicada en La Nación, lo que le valió un “Título Falso: operación de manual” de parte de la ORO. Cuidado: las metáforas meteorológicas como las de Bevacqua son sólo opiniones; no deberían ser objeto de desmentidas. Paso en falso.
El blanco y el negro. Los gobiernos siempre opinaron sobre lo que se decía de ellos: los funcionarios han desmentido a sus detractores cientos de veces, a viva voz, en entrevistas y conferencias de prensa; o filtraron en off sus puntos de vista a los periodistas afines, a veces con el incentivo adicional de una pauta generosa. O, en tiempos más recientes, crearon ejércitos de trolls dispuestos a “domar” a los opositores con un bullying implacable. La ORO es lo mismo, pero a la luz del día, sin disimulos.
En el fondo, una oficina que enfrenta abiertamente a los que, según el Gobierno, mienten, no es más que la institucionalización de la personalidad de Milei. El Peluca es así: frontal, calentón, peleador, a veces desbordado. Poco amigo del matiz y la pluralidad. Y, aunque no muy republicano en las formas, inequívocamente genuino. Así le fue más o menos bien en la vida: llegó a Presidente. Es improbable que cambie.
Ilustración: gentileza GM+AI
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Tres preguntas a Jeffrey D. Sachs. Es un economista estadounidense, fundador del Earth Institute de la Universidad de Columbia, asesor de la ONU y uno de los ideólogos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de la Agenda 2030.
—¿Qué deberíamos hacer para enfrentar los desafíos ambientales, económicos y ambientales que tenemos delante de nosotros?
—Necesitamos seriedad moral. Los riesgos son inmensos y no estamos lidiando con ellos como lo haría un adulto. Un grown-up behaviour —yo uso esa expresión— consiste en tomarse en serio los hechos tal y como aparecen, buscar soluciones, debatirlas en profundidad y corregirlas para obtener mejores resultados. Nuestros políticos no operan en ese marco, sino en el de la propaganda: Fulanito es malvado, no puedes negociar con Menganito… Ese comportamiento es infantil. Ese es el problema de fondo. Hay que pensar que la guerra nuclear está más cerca de lo que pensamos, igual que las catástrofes naturales o la manipulación genética en laboratorios, como ya sucedió con el covid-19. Y, para colmo, hay una incalculable concentración de poder en mi país. Sobre estos puntos, el nivel del discurso público es bajísimo. La verdad no se discute, los medios de comunicación mainstream no saben o no intentan analizar estos asuntos de modo que podamos informarnos. Y los políticos tienden a ser irresponsables en su manera de lidiar con esto. Responsabilidad significa tomarse los argumentos en serio y discutirlos. Yo espero más de un adulto, sobre todo teniendo en cuenta que nuestro margen de seguridad es hoy inferior a cualquier otro momento de la historia de la humanidad.
—Dijiste que te preocupa la concentración de tanto poder en personas como Elon Musk…
—Elon Musk es poderoso porque es la persona más rica del mundo; porque su dinero ayuda a elegir el presidente de los Estados Unidos, porque posee SpaceX y proporciona servicios esenciales al Ejército, porque es el dueño de X, y, por lo tanto, tiene una plataforma en la que cientos de millones de personas reciben información moldeada por su algoritmo... Eso es una concentración de poder increíble. Durante una temporada lo llamé “nuestro primer ministro”, porque se plantaba ahí al lado del presidente aunque no lo hubiéramos elegido, dirigía agencias federales, despedía a gente, y puso el sistema de información del Gobierno en servidores privados como Palantir. Seguimos sin conocer lo que se hizo porque nada de eso se debate ni tenemos verificación independiente. Solamente descubrimos fragmentos a través de filtraciones... Así que realmente no sabemos, o al menos yo no sé, qué ha sucedido. Este tipo de comportamiento es perverso.
—Pero Elon Musk no es el único poderoso. Hay otras personas que comparten con él ese poder…
—Ese poder se comparte con muy poca gente, cosa que encuentro incomprensible. Jeff Bezos es el dueño del Washington Post, de Amazon Cloud Services, de un montón de negocios militares y de IA, y también tiene sus propias aventuras espaciales. Larry Ellison, que es el número dos en la lista mundial de ricos, está comprando una gran cantidad de medios de comunicación: Paramount, CBS News, TikTok... Es extraordinario, pero para ellos no significa nada en términos de riqueza. Palantir (empresa de big data fundada por Peter Thiel y Alex Karp que presta servicios de inteligencia a las agencias federales estadounidenses) usa sus sistemas para identificar a quién hay que matar. Tienen protocolos que calculan cuántos muertos inocentes colaterales se permiten. Si el objetivo es un perfil alto, pueden bombardear todo el edificio de apartamentos. Esa es la clase de sistemas de IA que han creado Peter Thiel y Alex Karp. Son megabillonarios que están muy cerca del poder en Washington. No hablo de hipótesis; es el mundo en el que vivimos, y no es ninguna broma. Si me hubieran preguntado de joven si podría pasar algo así, hubiese dicho: “Habría una vista en el Congreso, una investigación nacional, el New York Times cubriría el caso, podría llegar a ser un escándalo...”. Pero nada de eso sucede; es lo normal.
Las tres preguntas a Jeffrey D. Sachs se tomaron de la entrevista que le hizo Teo Peñarroja, publicada originalmente en la revista Nuestro Tiempo. Para acceder a su versión completa podés hacer click acá.
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Super Bowl. El entretiempo del Super Bowl tiene el legendario segundo más caro de la televisión global. Todo profesional interesado en el marketing y la comunicación lo mira con atención. Este post de Silvina Seiguer analiza la performance de Bad Bunny en ese segmento, que no fue una simple performance, sino “un acto de posicionamiento cultural con impacto directo en términos de marca, reputación e influencia”, en el que la autenticidad, la valoración de la propia comunidad y la reafirmación de la identidad cultural cumplieron un rol clave. Un gran análisis de la última edición de uno de los fenómenos mediáticos más relevantes del mundo.
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Academia. Hay organizaciones capaces de detectar las amenazas y oportunidades futuras antes que sus rivales. Eso las prepara para actuar más rápido y sacar ventaja. Este artículo de Paul Schoemaker y George Day señala que el gran factor que distingue a unas de otras es contar con un equipo de liderazgo comprometido a mantener una actitud de vigilancia en todos los niveles, y a hacer inversiones específicas en capacidades de previsión. Y que estos movimientos requieren además de cambios en el proceso de elaboración de estrategias, con mucho más foco en la detección de síntomas emergentes con potencial impacto en el negocio. Una oportunidad para el área de comunicaciones, que funciona como la capa externa de las organizaciones de cara a sus públicos.
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Oportunidades laborales
Canva continúa su búsqueda para la posición de Country Manager Argentina.
Movimiento CREA mantiene abierta su búsqueda de Director Ejecutivo.