La nueva guerra fría
La Argentina viene demostrando su vocación occidentalista desde hace más de dos años, en línea con la agenda geopolítica estadounidense. Un dato cuyas implicancias entienden cada vez con mayor profundidad los profesionales de la comunicación y los asuntos públicos.
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19-08-2026
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“América para los americanos”, rezaba la tradicional doctrina Monroe: una advertencia que declaraba que cualquier intento de intervención en el continente americano por parte de una potencia europea, sería considerado un acto hostil para los Estados Unidos. Un siglo más tarde, con un juego de palabras en el que se homenajea a sí mismo, Donald Trump acuñó la doctrina Donroe con un significado renovado: desde Canadá hasta Tierra del Fuego, la energía, los minerales estratégicos y la tecnología de datos, son para los Estados Unidos y sus aliados. Y para nadie más. O sea, China go home.
Desde diciembre de 2023, la Argentina eligió ese camino de manera inequívoca: puede venderle alimentos a China; puede también comprarle autos, ropa, juguetes y cuantos espejitos de colores pueda crear el ingenio humano. En honor a las circunstancias, hasta puede renovar —por un tiempo— el swap de monedas que mantiene a flote las reservas de nuestro todavía raquítico Banco Central. Lo que no va a hacer es darle al gigante asiático la posibilidad de hacer crecer su influencia estratégica en la región. Para bien o para mal, decidimos pertenecer al club de Occidente, y eso implica empezar a pagar la cuota.
En su afán de mantener la brújula bien orientada y asesorar con acierto a las empresas para las que trabajan, los profesionales de los asuntos públicos repasan una y otra vez los rubros en los que China no es una opción y, por eso mismo, conviene buscar inversores y aliados sólo de países amigos:
Puertos y vías fluviales: No hay margen para la construcción, control o adquisición por parte de capitales chinos de nodos logísticos clave y terminales oceánicas, como el Canal de Panamá o el puerto de Chancay en Perú.
Telecomunicaciones: Hay rechazo explícito a la participación de empresas chinas en el despliegue de infraestructura digital 5G y redes de datos sensibles de los países de la región. Vade retro Huawei.
Energía y redes eléctricas: Permanecen excluidas las inversiones chinas para la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica considerada vital para la soberanía operativa local.
Minerales estratégicos: Está clara la intención de evitar el dominio chino sobre la cadena de suministro de insumos para la transición energética y la industria tecnológica, especialmente el litio, el cobre y las tierras raras.
Espacio y defensa: Hay una vigilancia estricta sobre la instalación de estaciones espaciales o acuerdos de cooperación militar y satelital con Pekín en suelo latinoamericano.
El Gobierno argentino viene dando muestras inequívocas de su vocación occidentalista desde que asumió Milei, y los triunfos de las derechas en otros países de la región confirman el mismo enfoque. Por su parte, la semana pasada el embajador estadounidense en Buenos Aires no dejó dudas sobre su postura en el AmCham Energy Forum. Así estamos: América para los americanos, y a tratar de mantener la calma hasta que las inversiones lleguen y se noten en la calle.
Ilustración: gentileza GM+AI
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Tres preguntas a Alejandro Villamor. Es un filósofo y experto en pedagogía español. Colabora habitualmente en revistas académicas como Ágora, Aporía y Oxímora. Actualmente, trabaja como profesor de Filosofía en la educación secundaria.
—¿Son compatibles el pensamiento sosegado y la lógica de las redes sociales?
—Aparentemente no. Está pasando con frecuencia que un usuario escribe “no lo he leído, pero…” y consigue quinientos likes por añadir un lugar común sin contenido; un mantra, vaya. Ha logrado un premio por presumir de su ignorancia. La frase es sintomática, un pequeño monumento al desprecio disfrazado de opinión. Por los registros sabemos que, hace no tanto, no saber algo era motivo de vergüenza. No obstante, sin necesidad de generalizar, cada vez es más fácil observar muestras de desdén hacia la cultura: un dar la espalda a un libro, a una película o a un argumento por el hecho, corriente y moliente, de que su autor es alguien en particular. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han lleva años describiendo esto con otras palabras. En su obra En el enjambre aborda la cuestión de una masa digital presta a reaccionar a la primera de cambio, lista para generar ruido antes que un discurso hilado. Escupitajos dentro de las pantallas. Se odia o cancela en las redes sociales y los medios convencionales, quizá porque ello promueve el consumo. Entiéndase, los clics. Al contrario, la discusión sosegada y amable, ardua, requiere tiempo y esfuerzo.
—¿Qué reacciones genera quien propone plantear temas profundos?
—El pensamiento complejo no se quema en una hoguera en la plaza del pueblo, pero es reducido a una viñeta, a un audio de cuarenta segundos que promete resumir a Kant, a una lista de diez citas sacadas de un libro no leído. Encima de todo eso, se va formando una costra de burla, capa sobre capa, hasta que cualquiera que insista en argumentar despacio queda automáticamente descartado por creerse superior. Ese barniz de sorna —semejante a la de matón de aula— funciona mejor que cualquier censura pues nadie prohíbe pensar hondo, simplemente se encarga de que dé vergüenza intentarlo. Trascendencia es un ejemplo de concepto que incomoda. Está claro que para muchos esto se debe a su connotación teológica, por sus vínculos con las religiones. Más allá, el gesto de salirse un momento de uno mismo, tratar de escapar del lodazal banal y materialista que jalona nuestra era, ya merece para algunos la cancelación. Es algo propio de intensos que, se supone, solamente buscan posturear. Pero pensar necesita de esa salida de lo inmanente: abandonarse a la contemplación de un paisaje sin estar planeando una foto, leer un libro sin el ansia de Goodreads o, por ejemplo, callarse ante una cuestión difícil antes de ridiculizar al interlocutor enarbolando un meme. Lo trascendente se desprecia porque es raro, se sale del espíritu de nuestros tiempos.
—¿Crees que hay resistencia a hablar de lo trascendente?
—Hablar de misterio suena a broma de cuñado esotérico. Cualquier alusión a lo sagrado se recibe con la misma mueca condescendiente que un chiste malo. Y sin embargo, tal vez precisamente por el hartazgo ante tanto ruido plano, empieza a notarse un movimiento en sentido contrario. Hablamos de retiros de silencio agotados con semanas de antelación o de jóvenes volviendo, sin ironía, sobre los místicos medievales. Sin ir más lejos, el filósofo Ernesto Castro acaba de revelar que se ha bautizado tras recibir la luz divina. El gesto es sintomático en términos sociológicos. Después de tanto escupitajo digital, una parte de la gente empieza a buscar algo regio, algo que no encaje en un carrusel de Instagram, precisamente porque está agotada. No hace falta creer en dioses o afiliarse a ninguna religión para reconocer un cambio de tendencia. Cuando una cultura entera se dedica a ridiculizar lo complejo y lo trascendente, y aun así una parte de sus miembros más hastiados acaba refugiándose en el silencio de un monasterio o en la lectura despacio de un tratado de filosofía, algo se está marchitando en el discurso dominante. La joya de la corona de esta época puede que no sea ni el argumento elaborado ni el meme que lo sepulta, sino la fuga silenciosa hacia lo trascendente que ocurre cuando todos miran hacia otro lado, convencidos de que ya nadie busca ese tipo de cosas.
Las tres preguntas a Alejandro Villamayor se tomaron del artículo “La cancelación de lo trascendente”, publicado originalmente en Ethic. Para acceder a su versión completa podés hacer click acá.
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Marcas con propósito. Alguien descubrió hace tiempo que no bastaba que las empresas generaran beneficios económicos a sus accionistas, sino que importaba cómo lo hacían. Así se desarrollaron los conceptos de misión, visión y valores. La sensibilidad social fue evolucionando y se instaló luego el concepto de propósito: el beneficio que una organización busca generar en la sociedad o en el planeta y que funciona como driver de su actividad. Este artículo de Eric Ressler hace las distinciones conceptuales necesarias para entender qué es una marca con propósito (y qué no lo es) y establece una posible tipología: empresas sociales, ONGs y fundaciones. Tema clave para cualquier profesional de la comunicación y los asuntos públicos.
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Academia. Este artículo de Val Singh, Susan Vinnicombe y Kim James destaca que los modelos a seguir con frecuencia se consideran clave para los que aspiran a cargos de dirección. Sobre la evidencia de que hay todavía pocos modelos femeninos a seguir en la cima de las empresas, este proyecto explora cómo las mujeres jóvenes con mentalidad profesional utilizan a sus referentes buscando inspiración, actitudes y aptitudes que motivaron el éxito. Las historias de personas tienen un poder de motivación superior a la de cualquier idea.
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Oportunidades laborales
Educabot inició su búsqueda de un Líder en Relaciones Institucionales y Alianzas Estratégicas.
Plumari abrió su búsqueda de Responsable de Comunicaciones.
¡Hasta el próximo miércoles!
Juan.
COMMS es una iniciativa de
El contenido de Comms no necesariamente representa la posición institucional del Círculo DirComs. El Círculo de Directivos de Comunicación (DirComs) es una asociación civil que busca promover el intercambio de conocimiento y experiencias entre los máximos responsables de comunicación corporativa, relaciones institucionales, asuntos públicos y gubernamentales de las principales empresas del país.