Las tres lógicas

Los políticos, los medios y los ciudadanos de a pie compartimos un mismo escenario pero ejecutamos una música con partituras distintas. Una de las funciones clave de los profesionales de la comunicación es entender la lógica de cada uno y construir puentes de entendimiento.

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11-03-2026

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José Ortega y Gasset decía que es tan difícil comunicar nuestro pensamiento a los demás que a veces pensaba que habíamos venido a este mundo “precisamente a no entendernos”. Lúcido como era, exageraba para que los lectores dimensionáramos lo que quería decir: somos quienes somos, en buena medida por el lugar en el que nacimos, por los padres que tuvimos, por las experiencias que vivimos, por los libros que leímos y por la música que escuchamos. Y eso nos hace tan distintos que, en alguna medida, nuestra mirada del mundo se vuelve incomunicable.

Uno de los roles de los profesionales de las PR es ayudar a superar esa incomunicación y hacer que las organizaciones para las que trabajan puedan entender la lógica de cada uno de los actores sociales, que también parecen de planetas diferentes: qué buscan los políticos, qué pretenden los sindicalistas, a qué aspiran los medios de comunicación, qué priorizan los influencers, qué piensa o siente la gente común. Si no se entiende esto, no hay comunicación que pueda resultar exitosa, y hasta podría resultar verdadera la hipérbole de Ortega: parece que hubiéramos venido a este mundo con el fin de no entendernos.

Son múltiples los actores sociales, y cualquier listado resultaría necesariamente incompleto. Dicha esa obviedad, nos centramos acá en la lógica de tres de los más importantes:

Los políticos. Solo dos cosas les importa en este mundo: hacerse con el poder y permanecer en él. Todo lo demás —historia, principios, ideología, lealtades, rivalidades— son parte de una narrativa para justificar cualquier acción u omisión que, al final, tiene ese objetivo excluyente: el poder. Hacerse con una cuota de él, acrecentarlo, no perderlo. El que no funciona así, aunque tenga un cargo en el Estado, no es un político verdadero: es un burócrata o un cuentapropista que está en política circunstancialmente.

Los medios de comunicación. El monstruo de tres cabezas aún resiste: la lógica altruista del “cuarto poder” que controla al Gobierno coexiste con la lógica pragmática de la defensa de los intereses de sus dueños y los anunciantes, y con una tercera lógica mercantilista de empresa comercial que vive de los avisos, sabiendo que éstos van a donde están las audiencias, y que las audiencias se quedan donde están más entretenidas. Así, los medios, nobles garantes de la democracia, resultan ser también simples máquinas de entretenimiento.

La gente común. ¿Qué quiere la gente? “La panza llena y el corazón contento”, dice el refrán: bienestar material y salud emocional. Techo, comida y seguridad —eso prioriza nuestro cerebro desde hace decenas de miles de años—, y cierto orgullo de pertenecer a mi tribu: a mi país, a mi religión, a mi ideología, a mi club de fútbol. Votamos a los políticos que creemos que nos darán eso (aunque cometan tropelías) y consumimos los medios que confirman nuestros prejuicios y nos mantienen entretenidos. Así de primitivos somos.

Las organizaciones se ahorran dolores de cabeza cuando entienden eso: los políticos, los medios y la gente común funcionan con lógicas distintas. Igual que los sindicatos, las ONGs y los organismos multilaterales. Y muchos otros colectivos. Cada uno toca una partitura diferente. Los comunicadores y los lobistas entendemos eso. Por eso tenemos trabajo.


Ilustración: gentileza GM+AI

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Tres preguntas a Michael Ignatieff. Es un historiador, periodista, ensayista y autoridad mundial sobre moral y derechos humanos canadiense. Dejó la Universidad de Harvard para liderar el Partido Liberal canadiense. De su fracaso surgió “Fuego y cenizas”, un análisis brillante sobre la política.

—Usted ha escrito: “Llevo décadas dando clases sobre Maquiavelo y en realidad nunca lo había entendido…”
—Es cierto. Lo confieso: no lo entendí hasta que entré en política, hasta que bajé a la arena. Maquiavelo sigue siendo, 500 años después, la mejor guía para la política. Porque entendió, y fue el primero, que si no puedes ser amado debes asegurarte de ser temido. Esta es una distinción crucial en la política de ayer y de hoy. Por si fuera poco, Maquiavelo entendió y desarrolló la importancia de la Fortuna, la contingencia, el destino. Los que los intelectuales nunca hemos entendido es que la política es el arte de lo posible hoy, ahora. Todo versa sobre el tiempo, el momento preciso. Las ideas pueden ser muy buenas, pero totalmente imposibles en un contexto determinado. El genio político, y eso es algo que existe, es sobre el “timing”. Cuándo atacar y cuándo replegarse. Cuándo esperar y cuándo moverse. Mi caso, cuando di el salto a la política, es el ejemplo claro de haber escogido mal el momento, el cómo e incluso el porqué. En la política tienes que hacer cosas que en la vida privada te parecerían inaceptables. Hay ocasiones en las que debes mentir o usar la violencia, dijo él hace cinco siglos. Él pensaba que la defensa, la supervivencia del Estado es el fin último, la justificación para todo en política. Y básicamente, tenía razón.

—¿No tiene problemas con eso?
—Es difícil para un liberal porque yo no iría tan lejos como él. No puedo. Hay muchas cosas que no contemplo ni acepto en política y que él no hubiera dudado. Pero es la visión más profunda que tenemos. Hay mucho cinismo en la política, pero también sobre la política por parte del público. Es el otro lado de la moneda de una especie de perfeccionismo moral, pero Maquiavelo nos hizo ver que debemos ser más realistas. Si queremos sistemas democráticos efectivos tenemos que dejar que los políticos hagan cosas que quizás nosotros mismos no haríamos, que no nos gustan, para defender, para reforzar, la república, el Estado. El exceso de cinismo es malo, pues genera expectativas morales que no son realistas. Roosevelt es mi héroe pero hizo muchas cosas inaceptables. Mentir, presionar, fue deshonesto. Y aun así... Hay que tener en cuenta que hay muchas situaciones en las que el político sabe que no puede resolver un problema, como mucho gestionarlo, pero no puede decirlo. Yo pretendo, en ese aspecto, hacer una defensa de la política. Hay que tener confianza y fe. Yo he salido de mi experiencia con mucho más respeto del que tenía antes.

—¿Qué rol cumple la prensa en esta comprensión de cómo funciona la política?
—Cada vez hay más sospechas mutuas entre prensa, políticos y ciudadanos. La prensa ha sido proletarizada porque su modelo económico ha colapsado. Surgirá otro, estoy seguro, pero desde 1995 hasta ahora, con la transición hacia lo digital, la prensa ha estado en pánico perpetuo. Ahora un periodista “tuitea”, escribe un “blog”, sus artículos y hace vídeos. Cuando yo ejercía el periodismo, hace 40 años, escribías como mucho una pieza al día, pero lo hacías bien. Esta proletarización es mala para el periodismo pero también muy mala para la sociedad. Yo ahora soy libre, me da igual lo que usted escriba de mí. Pero si yo fuera político tendría a alguien grabando esta entrevista para evitar que usted me hiciera una mala jugada. Ya no hay confianza como sí hubo una vez. No hay reglas. Todo lo que diga puede ser usado en mi contra. Eso no es bueno para la democracia. Por eso me parece más necesario que nunca tener estados liberales que protejan la libertad. El Estado ha perdido su papel como defensor y garante de las libertades de los ciudadanos. Ahora lo vemos de hecho como el gran peligro, y es terrible.

Las tres preguntas a Michael Ignatieff se tomaron de la entrevista que le hizo Pablo Rodríguez Suanzes, publicada en 2014 en el diario El Mundo. Para acceder a su versión completa podés hacer click acá.

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Humor social. Ya adentrados en la segunda mitad del mandato de Javier Milei, la esperanza dominante empieza a dejar lugar a una cierta impaciencia. Es lógico. En este artículo, Mora Jozami analiza la última medición de su consultora que pone de manifiesto que “el Índice de Irascibilidad (IDI) de febrero mostró el peor registro desde que comenzó la serie, hace casi dos años”. Con la mejora del índice de inflación, la gente empieza a acostumbrarse y el foco gira hacia otras preocupaciones, como el desempleo. Milei mira de reojo esa creciente inquietud, a la vez que celebra que su popularidad sigue alta, si se compara con la de otros presidentes a esta altura de sus mandatos.

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Academia. Trust, confianza, es un concepto complejo que necesita no sólo de pruebas empíricas, sino de un análisis teórico adecuado. Harrison McKnight y Norman Chervany analizan en este paper varias definiciones de trust, desde distintas disciplinas, y las clasifican para lograr un acercamiento interdisciplinario al fenómeno. Proponen un conjunto coherente que distingue la confianza personal de la institucional y sienta las bases para una investigación rigurosa sobre el tema. Mucho camino por recorrer todavía desde la academia.

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Oportunidades laborales

Salesforce inició su búsqueda de Director - Business Strategy.

NP Digital abrió su búsqueda para la posición de Director - Paid Media


¡Hasta el próximo miércoles!

Juan.


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