Líderes
La IA compite en casi todo con nosotros, pero somos insustituibles en lo estrictamente humano. Un mundo que los profesionales con más experiencia deberían encarar con atención.
Compartir:
08-07-2026
1
Ya es un lugar común la preocupación por el modo en que la IA está reemplazando a los jóvenes que recién empiezan su vida profesional en las organizaciones. Lo que antes hacía un junior en dos días, con bastante esfuerzo y múltiples errores, ahora lo hacen ChatGTP, Gemini o Claude en segundos, con niveles de excelencia dignos de un ejecutivo senior utramotivado. La pregunta flota en el aire: ¿cómo vamos a hacer para que los jóvenes aprendan haciendo, que es la mejor manera de aprender, si casi no los necesitamos en las posiciones para las que antes los contratábamos? No tenemos respuesta todavía.
De lo que se habla menos es de los problemas que enfrentan los que ya tienen años de experiencia y cumplen roles de liderazgo en las organizaciones. A primera vista, parece que la IA no pudiera competir con ellos tan fácilmente, pero surgen razones para inquietarse cuando lo que se busca es memoria de casos pasados, capacidad de interrelación de temas y análisis estratégico: todas capacidades que se les suele pedir a los más experimentados, en las que la IA ahora les saca amplia ventaja. La respuesta quizá esté al alcance de la mano: donde sí pueden —deben— destacarse es en lo estrictamente humano, lo que los convierte en líderes. Llegó el momento de enfocarse en eso, sin más vueltas.
El polifacético Justin Wright enumera algunas de las cualidades que los líderes debieran encarnar si quieren tener chances de éxito en las próximas décadas. Lo que sigue es una síntesis libre de eso:
Tienen inteligencia emocional. Pueden imaginar el efecto de lo que dicen y hacen y saben leer el ambiente que rodea a sus equipos. Lideran con amabilidad (no con debilidad), priorizando la motivación. No necesitan infundir miedo.
Reconocen el mérito de sus equipos. Controlan su ego y administran sus propias inseguridades. No necesitan echarse flores a sí mismos. Reconocen que un líder es mejor si se rodea de gente inteligente, capaz de brillar. Celebran sus triunfos.
Escuchan a los demás. No para cuidar las formas, sino para considerar seriamente lo que tienen para aportar. Saben que nadie tiene el monopolio de la verdad ni de las ideas más creativas. Que a veces una mirada fresca, de alguien con poca experiencia, es el origen de algo nuevo, brillante.
No controlan cada detalle. Confían en que cada uno hará su trabajo. Plantean objetivos y, cuando es necesario, sugieren caminos para alcanzarlos. Después, quedan disponibles para guiar, resolver dudas, remover un obstáculo. Dejan hacer.
Respaldan a los miembros de su equipo. Especialmente cuando las cosas se ponen difíciles. Buscan soluciones, no culpables. Y si hubo un yerro, ponen el foco en cómo podría hacerse mejor en el futuro. Mantienen la calma.
En la política, en las empresas, en los deportes. En la vida familiar, entre amigos… donde sea: liderar es ayudar a otros a alcanzar su mejor versión y, en el camino, lograr los objetivos comunes que se hayan propuesto. Cosas que en las que la IA difícilmente pueda reemplazarnos. Sobre todo si trabajamos para volvernos expertos en humanidad, sin dar por hecho que ya lo somos.
Ilustración: gentileza GM+AI
2
Tres preguntas a Fabián Calle. Es un analista político argentino, experto en asuntos internacionales. Es profesor universitario y miembro del consejo asesor del CARI (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales).
—Para los movimientos progresistas, Estados Unidos representa todo lo que está mal, pero muchos pensadores radicales del siglo XIX veían a Estados Unidos como algo superior comparado con las monarquías europeas…
—Nosotros somos un claro ejemplo. Nuestra constitución: Sarmiento, Alberdi, Mitre. En la cabeza tienen un respeto muy fuerte hacia el modelo americano. Y en la Guerra Civil el modelo que gana es el que derrota a la producción primaria y la esclavitud. Ganó lo industrializador, el que recibe a los inmigrantes. Ganó lo nuevo. Hay un académico que recomiendo (para mí el historiador vivo más importante del mundo) que se llama Stephen Kotkin, trabaja en el Hoover Institute, gran biógrafo de Stalin, tres tomos monumentales sobre Stalin. Además, es un placer escucharlo, divertido, chistoso. Hace poco Kotkin mostraba un gráfico donde se veía que desde 1870 Estados Unidos es el 25% del PBI mundial. Mil-ocho-setenta. Con un pico anómalo del 50% después de la Segunda Guerra porque estaban destruidos Europa, Japón y la Unión Soviética. Pero son 150 años de ser un cuarto de la riqueza del mundo.
—¿Y por qué no se achancha? ¿De dónde saca la energía?
—Uno, la capacidad de expandirse. Es una superpotencia imperial en el terreno. Si uno mira las dimensiones de los imperios anteriores a Estados Unidos (España, Gran Bretaña), el homeland de ellos era muy pequeño. Tenían que salir a buscar colonias allende los mares. Estados Unidos, en cambio, nace como una docena de pequeñas localidades en la Costa Este y en cien años es un país continental. Una expansión territorial de la frontera agrícola, la frontera productiva, enorme. Después, el tema migratorio, que no lo tuvo España, no lo tuvo Gran Bretaña, no lo tuvo Holanda, no lo tuvo China, no lo tuvo Rusia, no lo tuvo Francia. Es importante. Los flujos migratorios con gente de hambre, con gente con ganas de trabajar, de prosperar. La inmensidad territorial, la inmigración y después, esa misma posición de líder durante tanto tiempo le permite que fluyan hacia Estados Unidos las mejores cabezas del mundo.
—¿Crees que Estados Unidos entró en una fase de fatiga imperial?
—Es que ser imperio tiene sus beneficios pero también sus costos, es una mochila. Muchas guerras, muchos impuestos, gastar plata en otros países. Uno ve los trenes de Alemania o de Japón y los compara con los de Estados Unidos y se pregunta quién es la superpotencia. A Europa Estados Unidos le dio décadas sin gastar en defensa, vivieron bajo el paraguas americano en seguridad. Estados Unidos lo hizo a propósito, ¿no? Pero creo que hace ya un tiempo están con una fatiga imperial, que tiene dos reacciones básicas. Una: la encarna brutalmente Trump. “Bueno, señores, pongan lo que hay que poner”. Sangre, hombres, plata: basta. A ponerse las pilas y a compartir los costos. Nos han estado explotando, abusaron con los aranceles, nos trataron de bobos. Golpear la mesa y abrir la paritaria. Algo parecido a lo que hizo Nixon en 1972 con Japón y Alemania. Y la otra reacción es declararse culpable, que es el wokismo. Fuimos nosotros, el hombre blanco, que explotamos, fuimos malos, colonialistas, apoyamos dictaduras. Pero los dos son síntomas de la misma reacción. Uno duplica la apuesta por enojo, que es el relato de Trump, y el otro es el culposo, o woke.
Las tres preguntas a Fabián Calle se tomaron de la entrevista que le hizo Hernán Iglesias Illa, publicada originalmente en Seúl. Para acceder a su versión original, podés hacer click acá.
3
Scaloni en La Coruña. Muy pocos conocen esta historia. La cuenta con maestría Carlos Álvarez Teijeiro, español de pura cepa, instalado en la Argentina desde hace años. Da una idea de la huella que dejó en el Deportivo La Coruña, como jugador, el ahora exitosísimo técnico de la Selección Argentina. Fueron 7 años, de 1998 a 2005, en los que el club gallego cosechó cuatro títulos en cuatro años (antes de eso, contaba con solamente dos en sus nueve décadas de historia), en parte gracias al olfato goleador del “Loco” Abreu, en parte gracias a la garra y el carisma de Scaloni, en parte porque los éxitos colectivos tienen siempre la colaboración humilde de muchos. Un relato que vale la pena y una reflexión sobre las cualidades de un líder humilde, a la medida de estos tiempos.
4
Academia. A medida que aumenta la institucionalización, aumenta la dificultad para obtener información directa sobre hechos y personas: se multiplican las barreras y se crean relatos oficiales. Eso explica por qué los chismes crecen a medida que las sociedades se vuelven más institucionalizadas y sofisticadas. Este artículo muestra evidencia sobre estas afirmaciones y explora las consecuencias sociales de la proliferación excesiva de versiones oficiales de lo que sucede en el ámbito público y el privado. Una nueva reivindicación del chisme, esta vez desde la perspectiva académica.
5
Oportunidades laborales
Visa inició su búsqueda de Senior Director, Corporate Communications, SOCO.
Edelman activó su búsqueda para la posición de Senior Public Affairs Director.
¡Hasta el próximo miércoles!
Juan.
Con el apoyo de
COMMS es una iniciativa de
El contenido de Comms no necesariamente representa la posición institucional del Círculo DirComs. El Círculo de Directivos de Comunicación (DirComs) es una asociación civil que busca promover el intercambio de conocimiento y experiencias entre los máximos responsables de comunicación corporativa, relaciones institucionales, asuntos públicos y gubernamentales de las principales empresas del país.