Los medios como refugios identitarios
El Digital News Report 2026 del Instituto Reuters confirma la caída de la confianza de los argentinos en el sistema de noticias en general, con la excepción de algunos medios específicos. Un desafío para los profesionales ocupados de gestionar la reputación.
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26-08-2026
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El dato es contundente: según el Digital News Report 2026 del Instituto Reuters, la confianza general en las noticias en la Argentina llegó a un piso histórico del 26%. Seis puntos por debajo de la marca del año anterior y once puntos menos que la media global. Aunque los números se ven alarmantes para el “sistema periodístico” en general, no significan necesariamente la muerte de los medios, sino más bien su repliegue hacia un modelo de tribus identitarias.
Algunos la vieron: mientras la institución informativa se derrumba, medios con identidades bien definidas —como Infobae (53%), Canal 13 (52%), La Nación+ (52%), TN o Telefe— retienen niveles de confianza que duplican la media general. Los medios considerados más creíbles por las audiencias no son necesariamente los más ecuánimes, balanceados o neutrales, sino los que validan los sesgos con mayor eficiencia: no buscamos objetividad, sino refugios narrativos predecibles, donde nuestros prejuicios queden confirmados del mejor modo posible.
Así las cosas, la última edición del Digital News Report confirma algunas cosas que ya sabíamos y pone en negro sobre blanco otras que no eran tan evidentes:
La resiliencia de la marca frente al colapso institucional: El abismo entre el 26% de confianza general en las noticias y el respaldo que conservan las marcas informativas líderes pone en evidencia que la reputación ya no es un bien colectivo de la industria periodística, sino individual de algunos medios. La credibilidad migró del estatus profesional a la coherencia del sello comercial.
El auge del infotainment y los nuevos intermediarios: El crecimiento sostenido de canales de streaming como Luzu TV (13%) y Olga evidencia que una masa crítica de la audiencia —especialmente los menores de 35 años— prefiere la empatía e informalidad de conductores no periodistas por sobre el rigor tradicional. La cercanía actitudinal parece estar desplazando al rigor técnico en la ecuación reputacional.
La trampa económica del valor percibido: Con solo un 10% de la población dispuesta a pagar por suscripciones digitales, el periodismo argentino enfrenta una crisis de modelo de negocio originada en la falta de interés (solo un 43% afirma estar muy interesado en las noticias) y el bajo valor percibido del contenido. Sin disposición a pagar, la sustentabilidad económica está cada vez más supeditada a la escala y a la intermediación de las redes, los buscadores y la IA.
La irrupción de la IA y la desintermediación algorítmica: El salto en el uso de chatbots de IA para consumir y resumir noticias (que alcanza a casi 1 de cada 10 usuarios) representa el inicio de una desintermediación definitiva. El lector busca cada vez menos la interpretación del periodista y la reemplaza por la síntesis personalizada de un algoritmo, con lo que se debilita aún más la relación directa con los medios tradicionales.
El círculo vicioso del que cuesta salir: En un escenario donde siete de cada diez periodistas ganan por debajo de la línea de pobreza, es inevitable que la profundidad y calidad de los análisis se resienta. La pérdida de calidad operativa alimenta el círculo vicioso de menor confianza, menor interés y menor disposición al pago.
El placer de confirmar lo que ya creemos verdadero fue siempre un placebo adictivo. Por eso, la pretensión de objetividad de los medios fue una ilusión noble que duró unas pocas décadas, sobre todo en el siglo XX y que parece irse esfumando definitivamente. Por eso a los estrategas de los asuntos públicos les llega el momento de replantearse cómo gestionar la reputación de las organizaciones. O incluso de ir más lejos en la pregunta: ¿no habrá que volver a preguntarse de nuevo qué es la reputación?
Ilustración: gentileza GM+AI
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Tres preguntas a Marcos Falcone. Es un politólogo argentino, investigador de la Fundación Libertad. Tiene un Master of Arts in the Social Sciences de la Universidad de Chicago.
—Hay quienes dicen que Milei es un “populista de derecha”. ¿Qué tan acertada te parece esa afirmación?
—En las últimas décadas el adjetivo “populista” se ha usado para describir a líderes tan diferentes como Margaret Thatcher, Hugo Chávez, Cristina Kirchner y ahora Milei. Quienes han teorizado sobre qué es el populismo, como célebremente lo hizo Ernesto Laclau, admiten que todo movimiento puede ser populista si antagoniza al “pueblo” contra un enemigo. ¿Pero no consiste en eso la política de toda la vida? “Si el populismo consiste en la postulación de una alternativa radical dentro del espacio comunitario, ¿no se convierte populismo en sinónimo de política?”, se pregunta Laclau en La razón populista, publicado en 2005. Y contesta: “La respuesta sólo puede ser afirmativa”. Milei lleva en su ADN el discurso anti-casta, que tiene claras connotaciones populistas. Ahora bien, ¿antagoniza el presidente al pueblo con un enemigo? La socióloga Alejandra Salinas escribió que Milei no invoca al pueblo sino a individuos y que el lugar de la libertad individual en su retórica es siempre predominante. El análisis de Salinas concluye que la idea de un “populismo libertario” es un contrasentido, dado el motivo anterior y también el hecho, entre otros, de que Milei no busca destruir la institucionalidad sino, según su discurso, retornar a la original de la constitución de 1853.
—A propósito de las instituciones, alguien podría decir que el populismo implica no tener respeto por ellas, incluso si el objetivo es reformarlas...
—Este argumento se esgrimía en la campaña de 2023 cuando se decía que Milei ponía en peligro a la “democracia” (aunque probablemente querían decir “república”). Ya entonces era un argumento curioso: sobraba evidencia de que su contrincante en la segunda vuelta, Sergio Massa, que usaba obscenamente los recursos del Estado para hacer campaña y cuyo partido político era amigo de todos los dictadores latinoamericanos, sería más dañino para las instituciones que un Milei débil en el Congreso y con buena parte de los jueces y la burocracia en contra. En los últimos meses, el argumento para calificar a Milei de populista sobre la base de las instituciones sigue haciendo agua. El gobierno ha dictado varios DNU, sí, pero no más que Eduardo Duhalde, por ejemplo, que no es usualmente descrito como un populista; la cantidad está más bien en línea con la tradición presidencialista que caracteriza a Argentina. Aún en minoría, Milei buscó pasar por el Congreso y logró aprobar una versión negociada de la Ley Bases y otras que, por cierto, han sido en algunos casos suspendidas por el Poder Judicial. Vetó algunas iniciativas parlamentarias sobre presupuesto, que el Congreso a su vez rechazó tres veces. Bajo el argumento de que no especifican el origen de los fondos para aplicar las leyes restituidas, como indica la Ley de Administración Financiera, el Gobierno se resiste a aplicarlas. ¿Es suficiente esta controversia para decir que es populista?
—Milei se autodefinió, en distintos momentos, como “liberal”, “libertario”, “paleolibertario”, “minarquista” e incluso “anarco-capitalista”. ¿Se puede ser todo eso?
—Todas estas ramas envían mensajes distintos y apelan a audiencias distintas, pero parten del mismo tronco: la primacía de la libertad individual. En el fondo, la idea de quitar al Estado del medio para que los individuos florezcan implica una identidad esencialmente liberal. Cuando era candidato, Milei mostró su arista más anarco-capitalista, aunque al volverse jefe de Estado necesariamente debió atenuarla: “soy loco, no boludo”. Si apeló a votantes conservadores, su costado paleo afloró, pero nada muestra que eso se haya traducido en medidas relevantes, que por el contrario sí son liberales. Si se definió como “libertario” y no como liberal, quizás parte de la razón haya sido que el mundo se ha vuelto más estatista de lo que era en el pasado; los libertarios, entonces, pueden posicionarse como más radicales y al mismo tiempo ser considerados herederos de la tradición liberal clásica. Es innegable que Milei se ha acercado a algunos “populistas de derecha”, como Trump, Orban o Bukele. Quizás lo haya hecho por conveniencia, porque buena parte de su oposición es de izquierda, o porque algunas ideas o estilos particulares le generan simpatía. Pero de ahí a calificar a la personalidad de Milei o a su gobierno como “populista de derecha” hay un largo trecho que hasta ahora no ha sido cubierto. Como etiqueta, no funciona o dice demasiado poco; lo cual, en el fondo, tampoco funciona.
Las tres preguntas a Marcos Falcone se tomaron del artículo “¿Es Milei un populista de derecha?”, publicado originalmente en Seúl. Para acceder a su versión completa podés hacer click acá.
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Preguntas inteligentes. Ann Hiatt trabajó durante 15 años en Amazon. La última instancia de su proceso de selección fue una entrevista con el mismísimo Jeff Bezos. “Quiero que calcule la cantidad de paneles de vidrio en la ciudad de Seattle”, le dijo. Pasada la parálisis inicial, Hiatt se dijo a sí misma: “Quiere ver cómo funciona mi mente. Quiere verme dividir un problema complicado en pasos pequeños y manejables. Yo puedo hacer eso”. E hizo los cálculos. Y vino la segunda pregunta: cuáles son sus objetivos profesionales. “Le expliqué que no tenía idea de cómo ser asistente, pero que sabía la importancia de estar constantemente fuera de mi zona de confort. Quería saltar a una curva de aprendizaje y crecimiento astronómico”, dijo. Pensamiento analítico y motivación, bien explicados en este artículo. Todo dicho.
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Academia. Las democracias contemporáneas se han convertido en sociedades de observación: crece sin parar la demanda de transparencia. Este artículo de Daniel Innerarity estudia los límites y efectos secundarios de la transparencia. También las desventajas de una concepción “ocular” de la democracia: cuando los gobernantes se sienten permanentemente observados, es fácil que recurran a una teatralización de la política. Así, el ojo ciudadano no necesariamente controla, sino que se enfoca en el “politainment” un híbrido entre polítics y entertainment. Un delicado equilibrio: política transparente, pero no demasiado.
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Oportunidades laborales
Syneos Health inició su búsqueda para la posición de Associate Director, Communications.
Plumari abrió su búsqueda de Responsable de Comunicaciones.
¡Hasta el próximo miércoles!
Juan.
COMMS es una iniciativa de
El contenido de Comms no necesariamente representa la posición institucional del Círculo DirComs. El Círculo de Directivos de Comunicación (DirComs) es una asociación civil que busca promover el intercambio de conocimiento y experiencias entre los máximos responsables de comunicación corporativa, relaciones institucionales, asuntos públicos y gubernamentales de las principales empresas del país.