Palabras para la historia
Marco Rubio, el Secretario de Estado norteamericano, dio un discurso memorable en la Conferencia de Seguridad de Múnich que sirve como clave para entender la posición geopolítica de los Estados Unidos, sin la distracción que a veces generan las estridencias de Donald Trump.
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18-02-2026
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La historia a veces nos hace guiños. Durante más de dos años, sir Winston Churchill desplegó todos sus recursos de persuasión para que los Estados Unidos se unieran a los Aliados y enfrentaran a Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Después de mucho dudar, y tras la matanza de Pearl Harbor, que encendió la ira de los norteamericanos, el presidente Franklin D. Roosevelt finalmente dio el paso en diciembre de 1941, cuando estuvo seguro de que la opinión pública de su país no se opondría. La participación de Estados Unidos terminaría siendo decisiva en el resultado de la guerra.
Hoy, más de ochenta años más tarde, se invierte el ciclo y es Estados Unidos el que intenta persuadir a Europa de que pelee por su propia supervivencia. Palabras más, palabras menos, Marco Rubio lo dijo así en Múnich: no te des por vencida, no te avergüences de tu historia ni de tu cultura. No reniegues de tus orígenes grecorromanos y judeocristianos. No permitas que tu identidad quede sepultada por una oleada migratoria sin control. No sientas vergüenza por tu prosperidad. No renuncies al futuro. Esta vez, el enemigo no es un genocida ni una potencia extranjera: es la culpa enfermiza que infecta las conciencias de los europeos que no se animan a defender su estilo de vida.
Un posible desglose de las palabras de Rubio (una pieza de oratoria magistral) dice así:
Un error de diagnóstico. Tras la caída del muro de Berlín, nos equivocamos: vaticinamos el fin de la historia, pensando que sólo proliferarían las democracias liberales y que “los lazos creados por el comercio y los negocios sustituirían a la nacionalidad; que el orden mundial basado en normas (…) sustituiría al interés nacional; y que finalmente viviríamos en un mundo sin fronteras en el que todos seríamos ciudadanos del mundo”. Fuimos ingenuos.
Qué hicimos entonces. Muchos países depositaron su estrategia de defensa exterior en organismos internacionales y alimentaron internamente enormes estados de bienestar. Y, “para apaciguar a una secta climática, nos impusimos políticas energéticas que están empobreciendo a nuestra población”, mientras que nuestros competidores juegan con otras reglas. Además, “abrimos nuestras puertas a una ola de migración masiva sin precedentes que amenaza la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestro pueblo”. O sea, cavamos nuestra propia tumba.
Un recordatorio de quiénes somos. “Formamos parte de una misma civilización: la civilización occidental. Estamos unidos por los lazos más profundos que pueden compartir las naciones, forjados por siglos de historia común, fe cristiana, cultura, patrimonio, lengua, ascendencia y los sacrificios que nuestros antepasados hicieron juntos por la civilización común que hemos heredado”. Por eso, porque somos lo mismo, queremos que Europa sobreviva.
Qué defendemos. La seguridad —el tema principal de esta conferencia— no se reduce a cuánto gastamos en defensa. La pregunta fundamental que hay que responder es “qué es exactamente lo que defendemos, porque los ejércitos no luchan por abstracciones. (…) Los ejércitos luchan por un modo de vida. Y eso es lo que defendemos: una gran civilización que tiene todas las razones para estar orgullosa de su historia, confiada en su futuro y que aspira a ser siempre dueña de su propio destino económico y político”. Este es el nudo del problema.
Cuál es la propuesta. Trabajemos juntos para reindustrializar nuestras economías con cadenas de suministros entre países amigos. Protejamos los recursos estratégicos. Tengamos políticas migratorias abiertas, pero que prioricen el bienestar de nuestros ciudadanos. Cooperemos en materia tecnológica para conquistar nuevas fronteras. Invirtamos en seguridad militar para que la soberanía de nuestros países esté protegida frente a los ataques externos. Y todo esto, hagámoslo juntos.
Trump no hubiera podido decir todo esto: no es su estilo. Rubio puede. Defiende las mismas ideas conservadoras y pragmáticas de su Presidente, pero sin arrogancia, con educación. El tiempo dirá, pero quizá hayamos presenciado un discurso que quedará en los libros de historia, por lo que dijo y por quién lo dijo.
Ilustración: gentileza GM+AI
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Tres preguntas a Carlos March. Es un periodista argentino, especialista en organizaciones sociales y políticas públicas. Actualmente es el Director de Futuro de la Fundación Avina, a la vez que integra el consejo directivo de diez organizaciones sociales argentinas. Es autor de “La potencia del talento no mirado” y “Democracia bipolar”, entre otros libros. Fue director ejecutivo de la Fundación Poder Ciudadano entre 2000 y 2005.
—¿Cómo fue evolucionando tu mirada sobre la democracia, sus límites y posibilidades, a lo largo de los años?
—Creo que tu pregunta plantea el problema que no logramos resolver: ni mi mirada ni la de quienes tienen verdadero poder de decisión sobre la democracia tuvieron un recorrido de verdadera evolución, y mucho menos de innovación, en los últimos treinta años. Y esto es grave, porque la evolución de la democracia, como cosmovisión que nos organiza colectivamente, depende de la acumulación de innovaciones: derecho romano, libertad de conciencia, derechos humanos, derechos de minorías, alternancia en el poder, voto femenino, igualdad de género. Las sociedades tienen que definir cuáles son las innovaciones que necesita la democracia del siglo XXI, pero el gran problema es que los espacios para ese intercambio no existen. La arquitectura cívica y la ingeniería institucional que nos organizan colectivamente son anacrónicas en relación con el avance tecnológico. ¿Qué tipo de burocracia estatal o regulación de la digitalidad se necesita hoy? Frente a la complejidad social, ¿cuál es la familia tipo en la actualidad? En cuanto a las condiciones de acceso igualitario a oportunidades, ¿cuál es el sistema educativo que construirá las sociedades inclusivas de los próximos veinte años? Frente a los desafíos que presenta la evolución del sistema democrático no hay evolución en la mirada, o porque nos aqueja una ceguera en materia de innovación, o porque estamos mirando para otro lado.
—¿Cómo evaluás hoy el estado de la sociedad civil argentina?
—Una buena parte de la sociedad civil argentina, y diría que de la sociedad civil occidental, está enojada, reactiva. Y cuando te enojás, dejas de ser estratégico porque actuás desde impulsos emocionales. Perdés, además, capacidad propositiva, lo cual requiere salir del lamento por los escombros de lo que se derrumba y comenzar a analizar los cimientos de lo que emerge. Para eso tenemos que incorporar la ruptura como herramienta de gestión y, entendiendo que lo anterior ya no existe, identificar lo que irrumpe buscando generar oportunidades para la acción. El que logre aplicar la fórmula “ruptura más irrupción” va a encontrar la manera de mutar, para usar tu término, de convertirse en pilar de lo nuevo. Quienes sigan enojados y perduren en el lamento, se van a convertir en sus propios escombros.
—Democracia bipolar, tu último libro, resuena desde el título como un presagio de la polarización política llevada a extremos inesperados. ¿imaginabas lo que vendría cuando lo escribiste?
—Ya varios autores venían sosteniendo que el problema de la polarización estaba en la decisión de confirmarse dentro de un espacio que responda a la necesidad individual de pertenencia, más que de informarse y entender críticamente cuál es el espacio para sumarse a la construcción grupal. Cuando perdemos sentido crítico, el paradigma, que es una manera de abordar la verdad, pero no la única, se convierte en dogma. Es decir, en aquello que no puede discutirse. A esos grupos dogmatizados de izquierdas o de derechas se les suma un nuevo contexto: hasta hace diez o quince años no había choque posible, porque la batalla cultural en el espacio público la daba el progresismo, mientras que los actores del poder y la riqueza incidían desde el lobby subterráneo. Ahora, la ultraderecha, convertida en una franquicia global de disputa de poder, tomó también la estrategia de librar su batalla cultural en los espacios públicos, convirtiéndolos en espacios de confrontación. Y cuando se confrontan dogmas, la palabra pierde sentido y significado y se impone el tono, es decir, la burla, el odio y el desprecio que señalás.
Las tres preguntas a Carlos March se tomaron de la entrevista hecha por Gabriel Sánchez Sorondo, publicada recientemente en La Nación. Para acceder a la conversación completa podés hacer click acá.
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Despedida. “Parece que nos acercamos a un umbral en el que nuestra sabiduría debe crecer en igual medida que nuestra capacidad de afectar el mundo, para no enfrentar las consecuencias. Además, a lo largo de mi tiempo aquí, he visto repetidamente lo difícil que es permitir verdaderamente que nuestros valores gobiernen nuestras acciones”. Son palabras de Mrinank Sharma, hasta hace poco responsable de seguridad en IA en Anthropic, y parte de la carta que hizo pública para explicar por qué deja su rol en la compañía. Un nuevo llamado a crecer en nuestro entendimiento de lo profundamente humano para poder manejar adecuadamente lo puramente artificial.
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Academia. David Brooks, legendario editorialista del New York Times, se despide de sus columnas. Escribe este texto, a modo de adiós, en el que celebra sus 22 años en el prestigioso diario y reconoce que no logró lo que hubiera querido: “promover una filosofía política conservadora moderada, inspirada en pensadores como Edmund Burke y Alexander Hamilton”. Es lúcido su diagnóstico sobre lo que pasó en la sociedad norteamericana en los últimos años y lamenta que “hay muchos programas sobre política, negocios y tecnología, pero no hay suficientes sobre las cuestiones fundamentales de la vida que se abordan como parte de una buena educación en humanidades”. Algo nostálgico, y también inspirador.
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Oportunidades laborales
Jobgether inició su búsqueda de Director, Global Channel Strategy and Programs.
Monks abrió su búsqueda para la posición de AI Director.