Sombras de la ley de lobby
El proyecto de “Ley de Transparencia y Publicidad de la Gestión de Intereses” impulsada por el Poder Ejecutivo genera alguna preocupación entre los profesionales que se dedican al tema. No porque la idea sea del todo mala, sino porque el diablo está en los detalles.
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10-06-2026
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Todo ciudadano tiene derecho a hacer lobby. Hay razones filosóficas que justifican eso —el Gobierno está para servir a los individuos y no al revés—, y las hay también jurídicas. El artículo 14 de la Constitución Nacional lo reconoce de manera inequívoca: le llama “peticionar a la autoridad”, y se refiere a que toda persona, física o jurídica, puede pedir que se tengan en cuenta sus intereses sin por eso poner en riesgo su buen nombre.
Vivimos en el reino de las paradojas: el Gobierno de Milei, que adhiere al dogma de la desregulación en todos los terrenos —hasta tiene un ministerio dedicado a ese menester—, quiere en cambio regular la gestión de intereses. Promueve la mayor libertad posible en todos los ámbitos de la existencia humana, pero considera que el peticionar a la autoridad debería tener controles y restricciones especiales, como si fuera peligroso. Cosas veredes, Sancho.
Aunque es dudoso que la ley, de aprobarse, mejore sustancialmente la práctica del lobby, al menos haría menos daño si tuviera en cuenta algunos puntos:
Registro Público de Gestores de Intereses. La inscripción de los lobistas debería ser sencilla, digital y con un mecanismo de aprobación casi automático. Y, para evitar entrar en el reino de la arbitrariedad, gestionada por una autoridad independiente (que hay que crear sin aumentar el gasto público: warning).
Igualdad ante la ley. La obligación de inscribirse, que en el proyecto aplica a individuos y empresas, debería extenderse a todo tipo de organizaciones, también las que no tienen fines de lucro. De lo contrario, una vez hecha la ley, estará hecha la trampa: habrá quienes creen ONGs para poder hacer lobby a través de ellas, sin tener que registrarse. Vivillos.
Moderación en las incompatibilidades. La prohibición de gestionar intereses después de haber ejercido funciones públicas debería ser taxativa, inequívoca y acotada a situaciones claras de potencial conflicto. De otro modo, se reducen los incentivos para que los políticos vuelvan al llano una vez cumplidos sus mandatos. Eso, como es sabido, no ayuda a la calidad de las instituciones.
Sanciones para ambas partes. El proyecto plantea que los incumplimientos generen penalidades para los gestores; y nada para los funcionarios y legisladores. Parece una broma: el servidor público es quien más responsabilidad debería tener. No se explica por qué sale limpio de culpa y cargo si se expone a una acción de lobby inadecuada.
Naturaleza de las sanciones. Ya existen tipos penales relacionados con el cohecho y otras conductas delictivas. No habría que redundar. Una ley de gestión de intereses debería establecer sanciones de tipo administrativo, con suspensiones y multas económicas que apliquen a gestores y funcionarios por igual. Y nada más.
Garantías de acceso. No solo mejorar la transparencia, sino también garantizar que los ciudadanos comunes puedan presentar sus requerimientos a la autoridad. Eso es lo que debería promoverse. Quizá un “ombudsman de intereses”, mecanismos de consulta pública digital y audiencias obligatorias bajo ciertas condiciones podrían ser parte de la solución.
El objetivo declamado de la ley es otorgarle mayor transparencia a la gestión de intereses. Noble ideal, aunque casi todos los diputados y senadores saben que la mayor parte del lobby corrupto se concreta en fiestas, asados, viajes y reuniones en lugares privados, sin registros, y lejos de los pasillos del Congreso o los despachos de la Casa Rosada. Por alguna razón prefieren fingir demencia.
Ilustración: gentileza GM+AI
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Tres preguntas a Oliver Tapia. Es un periodista mejicano, especializado en noticias internacionales. Fue editor de CNN en Español y director digital de National Geographic España hasta 2025.
—¿En qué medida la IA nos aliviana el trabajo y en qué medida nos vuelve más exigentes?
—La promesa lleva años instalada en el discurso tecnológico: la inteligencia artificial permitiría automatizar tareas rutinarias y devolver tiempo a las personas para centrarse en el trabajo creativo, estratégico o simplemente humano. Es decir, más productividad con menos desgaste. Sin embargo, en muchas empresas empieza a dibujarse una realidad bastante distinta, y es que el trabajo no solo no desaparece, sino que cambia de forma, acelera el ritmo y ocupa cada vez más espacio en nuestro día. Eso es lo que plantea un estudio en curso de las investigadoras Aruna Ranganathan y Xingqi Maggie Ye, de la Universidad de California en Berkeley, publicado en Harvard Business Review. Tras ocho meses observando el funcionamiento interno de una empresa tecnológica en Estados Unidos con unos 200 empleados, las autoras llegaron a una conclusión incómoda: la IA estaba aumentando la intensidad del trabajo cotidiano en lugar de aliviarla.
—¿Cuáles son los hallazgos principales del estudio que mencionás?
—La investigación se apoyó en más de 40 entrevistas y en la observación directa de reuniones, dinámicas internas y procesos laborales. Las herramientas de IA generativa permitían terminar tareas en menos tiempo, pero ese margen rara vez se convertía en descanso. Lo habitual era que se llenara rápidamente con nuevas tareas, más proyectos simultáneos o expectativas más altas sobre lo que cada empleado podía asumir. Esta lógica la podemos reconocer en cualquier oficina: un informe se resume en minutos, un borrador aparece casi instantáneamente y una reunión puede transcribirse de forma automática. El problema es que esa velocidad termina modificando la percepción de cuánto trabajo cabe dentro de una jornada laboral, y lo que antes parecía suficiente, deja de serlo.
—¿La mayor exigencia viene de parte de las empresas?
—Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es que la presión no llega siempre desde la dirección de la empresa, sino que muchas veces son los propios trabajadores quienes amplían voluntariamente sus tareas porque sienten que ahora pueden abarcar más funciones. Lo vemos en diseñadores que empiezan a programar, gestores que elaboran análisis técnicos o empleados que lanzan varias consultas automatizadas mientras responden mensajes y asisten a reuniones. Las fronteras entre tareas empiezan a difuminarse y también desaparecen algunos tiempos muertos que antes funcionaban como pequeñas pausas naturales dentro del trabajo. Antes, esperar una respuesta, revisar documentación o preparar un borrador requería un cierto margen temporal; ahora, basta con abrir una ventana de chat y escribir una instrucción. Ese movimiento continuo termina alterando la relación con el tiempo y con el descanso, lo cual merece al menos algo de atención.
Las tres preguntas a Oliver Tapia se tomaron del artículo “La IA y la paradoja de la eficiencia”, publicado originalmente en Ethic. Para acceder a su versión completa podés hacer click acá.
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IA & PR. “La Inteligencia Artificial no va a reemplazar a los humanos, pero los humanos que usan la Inteligencia Artificial van a reemplazar a los que no la usan”, dice Karim Lakhani, profesor de la Harvard Business School. Este texto recoge algunos ángulos de la relación entre los profesionales de la comunicación y la IA: asistente en quien se puede delegar funciones, cuidado con la información sensible, riesgo de saturar de información a los periodistas (ahora que se producirán más piezas de comunicación que antes en pocas horas). El antídoto: no atolondrarse con la aparición permanente de nuevas apps, pensar con cuidado en cuál es el valor agregado de un profesional de las PR que nunca podría ser sustituido por la IA.
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Academia. Toda empresa quiere mejorar la aceptación de sus públicos. Este artículo refleja algunas de las principales tendencias en el ámbito de las relaciones públicas. Comienza definiendo a esta profesión como “la labor administrativa que estructura y mantiene conexiones mutuamente beneficiosas entre una asociación y la sociedad en general”. Identifica los modos en que las empresas se adaptan al cambio, los desafíos que enfrentan para mantener el vínculo con sus socios comerciales y otros públicos, y las herramientas y métodos nuevos de relaciones públicas y una explicación sobre cómo implementarlos.
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Oportunidades laborales
Dept mantiene abierta su búsqueda para la posición de Manager, Paid Social.
¡Hasta el próximo miércoles!
Juan.
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