El rol del consultor frente a las relaciones de poder en las organizaciones

El rol del consultor frente a las relaciones de poder en las organizaciones

Por: Piera Basile, Directora en INFOMEDIA.

El poder, después del amor, es la primera fuente de felicidad” dijo hace muchos años el escritor Stendhal, quien en sus novelas realizaba un profundo análisis psicológico de sus personajes y sobre la manera de vincularse entre ellos. En 1800, el escritor tenía muy claro que el poder es inherente a la condición humana y que, por ende, está presente en todo tipo de organización.

Familias, grupos de amigos, ONGs, consorcios,  equipos de fútbol, empresas, gobiernos. Todos ellos están atravesados por una lógica de poder, que no siempre es tan visible como creemos. Porque el poder tiene la desventaja – o en pos del pluralismo tal vez sea ventaja- de escabullirse rápidamente entre los dedos, de traspasarse, de transformarse, e incluso de esconderse.

En las organizaciones corporativas también rige esa lógica, y hay un hilo conductor, invisible, que hace que cada parte se ensamble y funcione como piezas de una maquinaria. Pero lo más relevante es que a ese hilo no siempre lo maneja la cabeza de la organización, sino que se suele distribuir –en mayor y menor medida- entre otros miembros.

Es una falacia pensar que en las organizaciones verticalistas una sola persona detenta el poder y el resto obedece, porque nos estaríamos olvidando de que no es un absoluto, sino que se distribuye. Y quien tenga mayor influencia será quien posea una dosis mayor de poder, aunque no se trate de la persona que toma las decisiones o que firma los cheques.

No hablamos del poder maquiavélico, sino de aquellos impulsos naturales por manejar las situaciones, las relaciones y a las personas a conveniencia.  El poder es conocimiento, es saber manejar los tiempos, es negociación, es contar con la suficiente inteligencia emocional para interpretar a las personas y actuar de manera que se logre un beneficio a través de ellas. Y suele suceder que quienes detentan el poder real no son quienes más expuestos están, sino que son aquellos que “operan” tras bambalinas. La posición no puede ser atribuida a modo de receta universal a un puesto o cargo en concreto, ya que varía. Pero ¿alguna vez pensaron el poder de influencia que tiene la pareja de la persona que toma las decisiones? Suele ser mayor que la influencia que puede generar el Director de Finanzas de cualquier empresa.

Como profesionales de la comunicación y de los asuntos públicos, es nuestro deber realizar esta lectura en las organizaciones. Así como realizamos mapas de stakeholders y analizamos la influencia e impacto que tienen para el negocio de nuestros clientes, debemos hacer el mismo ejercicio con quienes acuden a nosotros. Para hacer bien nuestro trabajo debemos localizar la verdadera fuente de poder. Esto permitirá entender la lógica que rige en esa organización y facilitará nuestro trabajo, ya que nos dará la pauta de quiénes obstaculizarán un curso de acción porque creen que necesita marcar una postura de oposición para “ganar” más poder, quiénes se mostrarán más abiertos, y quiénes son los que efectivamente tomarán las decisiones estratégicas realmente importantes.

Pero por sobre todo, este análisis será clave para la autopreservación, dado que nos evitará quedar entrelazados en una lucha de poder. Porque claro, aquel que menos tiene buscará  ampliarlo, y como consultores nos podemos ver inmersos en una batalla interna que poco aportará a nuestro trabajo.

Hay algo claro: no podemos negar el poder ni darnos el lujo de no entenderlo. En nuestra profesión tenemos que aprender a navegar entre estos hilos invisibles que se tejen en las organizaciones. Nuestra capacidad de percepción y negociación serán elementos cruciales para profesionalizar aún más nuestro trabajo y marcar la diferencia.

Reputación y lobby, más prioritarias que nunca

Reputación y lobby, más prioritarias que nunca

Por: Juan Iramain, Socio Director de INFOMEDIA.

Publicado en Consejo de Relaciones Públicas: Reputación y lobby, más prioritarios que nunca

Las relaciones públicas cambian al ritmo de la sociedad. Crecen las exigencias de transparencia, sustentabilidad y compromiso con la comunidad, y las empresas buscan adaptarse a sus públicos lo más rápido que pueden. La prioridad sigue siendo generar condiciones reputacionales y regulatorias para hacer viables los negocios.

Si quisiéramos sacarle una foto a las relaciones públicas, saldría movida. Veríamos algo nítido, que es lo que parece estable, y una parte borrosa, la que está en movimiento. Es clave, por eso, distinguir los planos.

Las relaciones públicas (que podrían llamarse asuntos públicos, comunicaciones corporativas y de muchos otros modos) se definen por su objetivo, igual que cualquier otra profesión. Se puede debatir hasta el infinito sobre el tema, pero la definición que probablemente aporte más claridad sea una fórmula sintética que combina el aporte académico con la experiencia corporativa: las relaciones públicas son la función del management que tiene el objetivo de generar las condiciones reputacionales y regulatorias para el éxito de una organización. Punto. Esto es lo que sale claro en la foto, lo que no cambia: el para qué de las relaciones públicas.

Las condiciones reputacionales son la base. El área de relaciones públicas trabaja en el relacionamiento con diversos stakeholders para generar un contexto de opinión pública favorable: accionistas, inversores, colaboradores, sindicatos, proveedores, clientes, socios, aliados estratégicos, líderes de opinión, periodistas, académicos, dirigentes sociales, reguladores y un largo etcétera que tienen un punto de vista sobre una determinada organización. Si es favorable, viento a favor. Si no lo es tanto, amenaza. Por eso las áreas de comunicación, interna y externa, y de sostenibilidad o RSE.

Las condiciones regulatorias dependen casi siempre de las reputacionales: leyes, decretos, resoluciones ministeriales, dictámenes judiciales. Todo un andamiaje jurídico que hace posible el normal funcionamiento de las organizaciones. La reputación otorga licencia social para operar; la regulación da legitimidad jurídica para hacerlo. Por eso con comunicación no basta. El área está completa si hace lobby: si contribuye a generar o proteger el marco regulatorio que hace viable el negocio.

Lo que se mueve en la foto es el resto. El cómo. Hace décadas el de las relaciones públicas era sobre todo un trabajo de know who: el que tenía en su agenda los nombres y los teléfonos de los 30 periodistas más relevantes del país tenía la mitad del trabajo hecho. Lo bueno, que importaban las relaciones personales. Lo malo, el riesgo de la transaccionalidad: mucho foco en la pauta, los viajes, las becas y los regalos por el día del periodista. Los tiempos cambiaron: importa ahora más el know how que el know who.

Cambió la escucha: pasamos del clipping al social listening. Hay inteligencia artificial (todavía insuficiente) y cabezas pensantes intentando interpretar montañas de datos. Ahora la intuición hace pie en los números. Cambiaron los medios: ya no es un puñado de diarios, revistas y programas de cable o radio. Se suman ahora miles de portales digitales y blogs. También los influencers de las redes, cuya voz vale más que la de la autoridad consagrada. Cambió el modo: ya no es la comunicación unidireccional o si acaso dialogada. Ahora es conversación permanente en redes donde todos opinan en una perpetua tertulia horizontal. Un ciudadano cualquiera tiene el poder de fuego que antes tenía sólo un periodista. Cambió el mundo. Y va a seguir cambiando.

Lo que a veces se olvida es que el rol de relaciones públicas no sólo tiene la función de comunicar a la organización con sus públicos, sino la de escuchar lo que los públicos tienen para decirle a la organización. No es tan obvio lo que está pensando la sociedad, entre otras cosas porque siempre está cambiando. Durante la pandemia del coronavirus el público quiso cosas distintas de las empresas en distintos momentos. Primero, que hablara con su público interno y le dijera “cuido tu salud y la de tu familia, y voy a tratar de darte continuidad laboral”. Después, que acompañara al gobierno con sus “quedate en casa” y sus “lavate las manos”. Más tarde, que pensara en beneficios para sus clientes en estos tiempos difíciles. Luego, que descomprimiera con algo de humor. Ahora, que contribuya a una perspectiva de futuro y que ayude a la comunidad. Mañana, nadie lo sabe. Son expectativas que cambian. Y el rol de relaciones públicas: captar esas tendencias y educar a sus organizaciones sobre lo que la sociedad espera de ellas.

Trabajo apasionante con el que es imposible aburrirse. Y cada vez más estratégico para las organizaciones. Depende de nosotros que así se entienda.