Por qué la sustentabilidad no es una moda

Por qué la sustentabilidad no es una moda

Por Juan Iramain, Socio Director de INFOMEDIA.

En un extremo, fanáticos que dedican al reciclado y al ahorro energético un fervor religioso. En el otro, escépticos que creen que la sustentabilidad ya pasará esta moda, igual que pasaron los zapatos de punta cuadrada. Y en el medio, la mayoría de los mortales.

Nadie conoce el futuro, pero hay datos que hacen pensar que la sustentabilidad, o como vaya a llamarse en el el futuro, vino para quedarse: 

  • Historia. Llevamos al menos un siglo de creciente sensibilización entorno al rol social de las empresas. Pasamos de la filantropía de la primera mitad del siglo XX a la responsabilidad social empresarial de los años 70, de alguna manera alineada al core del negocio. Luego, las alianzas con ONGs para lograr mayor legitimidad. Y más tarde, el interés por el triple impacto (económico, social y ambiental) y el cuidado de la cadena de valor. Hoy son muchas las empresas que miden la interacción con sus stakeholders clave y se ponen metas para mejorar año a año. Ya no parece posible ignorar esta ola.
  • Nueva sensibilidad. Hay palabras que ya no se usan porque suenan agresivas, viejas costumbres en la vida corporativa que se hicieron inaceptables, prácticas de marketing de hace algunas décadas que provocan rechazo: cambió la gente. Se hace frecuente entre las nuevas generaciones la decisión de renunciar a un sueldo mejor para trabajar en una organización con un propósito que los motive. La sustentabilidad es un must para el segmento de la población más educado. Así como se evitan las grasas saturadas y no se fuma delante de una embarazada, no se acepta que una organización no se ocupe del impacto económico, social y ambiental de su actividad.
  • Wall Street. La nueva sensibilidad no vive sólo en la mente de los millenials que se incorporan al mercado laboral. Los analistas financieros encuentran coincidencias entre el compromiso con la sustentabilidad y el aumento del valor de las acciones en el mercado de capitales. Ya no basta ganar plata: los inversores empiezan a exigir ganarla bien, contribuyendo al ecosistema en el que opera la compañía. Pasaron los tiempos del what y vivimos instalados en el how.
  • Los gobiernos. Por si no bastara el escrutinio de empleados, clientes e inversores, la presión regulatoria se vuelve cada vez más intensa. Los gobiernos, sensibles al humor social, presionan con más impuestos y restricciones a las organizaciones que son percibidas como poco responsables. Industrias enteras como la del tabaco o los alimentos pasan por reconversiones profundas para mantener la licencia social para operar y evitar cambios regulatorios letales. Y es sólo el comienzo.

La clave, quizá, esté en entender que los cambios culturales de estas primeras dos décadas del siglo XXI se parecen a la irrupción del Renacimiento cuando ya languidecía la Edad Media. Pero acelerados. La transformación digital que significó la aparición de Internet, más que una revolución tecnológica, es mental. Obliga a pensar distinto.

Bancos en los tiempos de la gran transformación

Bancos en los tiempos de la gran transformación

Por Juan Iramain (*)

Publicado en revista Apertura, edición noviembre 2020.

“Somos una compañía de tecnología que presta servicios financieros”.  Al menos media docena de CEOs de bancos globales han repetido varias veces esa frase en la última década, expresando quizá más una intención que un hecho. Tenían sus razones: el valor de las acciones de las tecnologícas sube a un ritmo mayor que las de cualquier otra industria, la mayoría de los empleados más talentosos prefieren Silicon Valley a Wall Street y los públicos en general confían mucho más en Amazon, Microsoft o Apple que en cualquier banco. Basta mirar el Trust Barometer que Edelman publica cada año.

Los bancos tradicionales no son compañías de tecnología, ni en la Argentina ni en el resto del mundo. Al menos no todavía. Son entidades híper reguladas que prestan servicios financieros y van incorporando la tecnología al ritmo que lo permiten la lucidez de sus directivos, sus culturas corporativas y sus presupuestos. Puertas adentro, todos parecen saber que la transformación digital es el futuro. El desafío es ponerse en camino a pesar de los obstáculos.

Pero la transformación digital no es el único reto que enfrentan los bancos.

Sociólogos y estudiosos de mega tendencias coinciden en que las expectativas sociales vienen modificándose aceleradamente en los últimos años.

Multitudes pacíficas, o a veces embravecidas, han salido a las calles en todo el mundo a expresar su malestar por la falta de acceso a vivienda, salud, educación, transporte o bienes de consumo.  Y la pandemia de Covid no ha hecho más que agravar la irritación, de la que todavía no vimos sus expresiones más elocuentes. Los reclamos van contra los gobiernos, aunque también contra el sector privado. Los bancos, no hay dudas, son target.

No hay soluciones mágicas, pero si quizá vectores que ayudan a ponerse en el camino adecuado. Si aplican al mundo entero, cuanto más a la Argentina, donde todo parece magnificado por la profundidad de la crisis. Un esbozo podría ser:

  • Acelerar el cambio cultural interno. La inevitable transformación digital no es solo, ni principalmente, un cambio tecnológico. Es un cambio de mentalidad de todos los empleados, especialmente de los que tienen contacto con el cliente: respuestas rápidas (en segundos), soluciones creativas, seguimiento de resolución de problemas en tiempo real. La aspiración: que la experiencia del cliente sea equivalente a la que tiene con Amazon o Mercado Libre. Menos que eso, es mentalidad analógica, siglo 20. Ya no hay paciencia para eso.
  • Apoyar el ecosistema digital. La mayoría de los bancos no son nativos digitales. Si producen sus propias plataformas tecnológicas, las hacen caras y no del todo adecuadas a las expectativas del cliente. Nacen Viejas. Parece mejor asociarse con el mundo Fintech: financiar startups con capacidad de desarrollar soluciones creativas y eficientes, con modelos de revenue share. Hay más chances de satisfacer a los clientes y crecer en alianza con las Fintech que compitiendo con ellas. Si no puedes con tu enemigo, únete a él y que se convierta en tu socio.

“Un sistema financiero que entiende que los nuevos tiempos está repensando ya su rol para hacer viable la comunidad en la que opera. Su licencia social tiene otro precio”.

  • Fortalecer el ecosistema social. En el mundo, la vulnerabilidad del sector financiero incluye un cliente insatisfecho y un regulador poderoso. Temible combinación: el costo político de hostilizar a los bancos es casi nulo. Para colmo, la pandemia de Covid acentúa la desigualdad social y sensibiliza a todos los stakeholders. Un sistema financiero que entiende los nuevos tiempos está repasando ya su rol para hacer viable la comunidad en la que opera. Su licencia social tiene otro precio que hace un año: economía circular, economía regenerativa, modelos de financiamiento alternativos y un largo etcétera que todavía no se inventó. Mejor que las soluciones salgan de las usinas de los propios bancos y no de la imaginación de un legislador trasnochado.
  • Comunicar, comunicar, comunicar. El objetivo de inspirar confianza y lograr el apoyo de todos los stakeholders, especialmente de los clientes, solo es posible con buena comunicación. Ni poca ni mucha: buena. La adecuada, por los canales correctos, en el todo debido. En redes, en medios, directa, a través de terceros confiables, de múltiples modos. Pero, sobre todo, pertinente: hablar de lo que quiere saber el cliente, y para eso antes preguntarle que le interesa. No hay otra manera. No es lujo, es supervivencia: en tiempos desafiantes como los que vienen, mejor contar con aliados. Cuantos más, mejor.

Épocas apasionantes, con desafíos únicos. En unos años, muchos mirarán atrás y recordarán 2020 y los tiempos que le siguieron como los de la gran transformación. Algunos lamentarán que les faltó lucidez y coraje. Otros se felicitarán por haber liderado el cambio. <AP>

(*) Socio Director de INFOMEDIA, especialista en comunicación del sector financiero.

Cambios en las organizaciones: el renovado rol de la comunicación interna

Cambios en las organizaciones: el renovado rol de la comunicación interna

Por: Melina Beszkin, Consultora de INFOMEDIA.

Si hay algo que no podemos negar a esta altura del año es que la pandemia y el consecuente aislamiento social nos obligaron a patear el tablero de todo aquello que conocíamos dentro de las organizaciones: nos cambiaron las reglas del juego, las fichas, los jugadores y nos desafiaron a pensar qué hacer con todo esto frente a un nuevo escenario –la nueva normalidad-. 

Incluso para quienes ya habían comenzado a implementar el trabajo a distancia, el golpe fue tan rápido y abrupto que hizo tambalear sus estructuras. Sin embargo, lograron acomodarse y repensarse. Es en ese ejercicio de cambio de estrategias donde el rol de la comunicación interna dio un paso al frente y se convirtió en un jugador protagónico dentro de las compañías. 

En comunicación es difícil generalizar porque no hay una sola forma de hacer las cosas, ni métodos buenos o malos. Existen, en cambio, estrategias más adecuadas a cada institución, grupo u organización que van en línea con los atributos, valores y el core del negocio. No obstante, a la hora de pensar cómo fueron mutando los roles durante este último tiempo, podemos imaginarnos dos escenarios más o menos frecuentes. 

Por un lado, el sector dedicado a la comunicación interna se consolidó, ya no sólo como un articulador entre distintas partes, sino como pieza fundamental para que funcione el andamiaje. En otros ámbitos –tal vez los más pequeños- hubo una formalización de esta tarea, más aun en aquellos donde la comunicación se daba de una manera más espontánea, sin un plan que acompañe las acciones. Lo que es claro es que en todos los casos este sector salió fortalecido.

La función de la comunicación interna se tornó más relevante, sobre todo al momento de repensar planes de contingencia. De esta manera, una actividad que era tan cotidiana hasta los primeros días de 2020, hoy, llegando a su final, se convirtió en un desafío: mantener un contacto fluido entre los integrantes de los equipos que ya no sólo no se encuentran en un mismo espacio geográfico, sino que dejaron de compartir tiempos y dinámicas

Asimismo, debieron potenciar su función como soporte a otras áreas y colaboradores, trascendiendo lo estrictamente laboral. Porque si hay algo que nos propuso el home office es disipar la frontera entre lo profesional y lo privado, permitiéndonos conocer un poquito más sobre la cotidianeidad de nuestros compañeros. No solo eso, esta nueva normalidad generó que los responsables de comunicación interna sean considerados –intra organización- eslabones en la toma de decisiones. Un cambio tan trascendental que, sin dudas, llegó para quedarse. Nos toca vivir momentos distintos a los que estábamos acostumbrados, en los que debemos reconstruirnos dentro de un futuro incierto que esta vez no debería tomarnos por sorpresa. Las organizaciones deben estar preparadas para lo que viene, pero ¿qué es lo que viene?  Citando a Horacio Diez: “cuando tuvimos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas”. Pues bien, es momento de barajar y dar de nuevo, salir de la zona de confort y apostar a lo nuevo, a construir dentro de lo desconocido. Aventurarnos frente al cambio.