Un mal día para Pablo Iglesias

Un mal día para Pablo Iglesias

Por Enrique Borba, Socio Director de INFOMEDIA.

Publicado en Infobae: https://www.infobae.com/opinion/2021/01/28/un-mal-dia-para-pablo-iglesias/

Todos tenemos días buenos y de los otros. Los políticos, como personas de carne y hueso, también sufren este mal aunque tienen la “desgracia” que usualmente cuentan con cámaras que lo registran y lo comparten todo.

Quiero pensar que el vicepresidente español y líder de Podemos, Pablo Iglesias, tuvo uno de esos malos días durante la última entrevista que realizó en el programa “Salvados”. Hacía mucho frio, “Filomena” todavía azotaba Madrid y los números de la pandemia no paraban de crecer. Quiero creer que eso desenfoca a cualquier funcionario público preocupado por resolver la grave situación que enfrenta el país. Quiero creer…

Las repercusiones de sus palabras agitaron al arco político. Los medios de comunicación se centraron en la infeliz analogía que realizó entre Carles Puigdemont -el ex president catalán que está fugado de la justicia española por convocar unos comicios inconstitucionales y separatistas- con los exiliados republicanos que escaparon del franquismo bajo la amenaza de ser apresados o fusilados.

Si bien pronto matizó su respuesta mencionando que él no comparte ni quiere una Cataluña independiente y que los actos del ex president Puigdemont “no son indiferentes al derecho” -un eufemismo para no decir que actuó de forma ilegal-, no se percató que la sola comparación ponía al actual Gobierno de España en el lugar del dictador, menospreciando a su vez el rol de la justicia.

Sus “descuidos” irían más allá. En su afán pedagógico el vicepresidente repitió hasta el cansancio frases como: “en política no hay que fiarse de nadie”. Una verdad de cafetín que adquiere valor por quién la dice, degradando el ya erosionado sistema político, empeorando la imagen que la sociedad tiene de sus representantes y golpeando a la propia democracia. Lo aún más llamativo es que utilizó la expresión para describir la relación que mantiene con sus socios del gobierno (el partido socialista), sus compañeros de gabinete e incluso el presidente Pedro Sánchez.

Puesto a decir sus verdades, Iglesias fue más allá y reveló que España vive una “democracia limitada” por “la presión de los poderes económicos y sus brazos mediáticos”. Otra lección de su descreimiento en la libertad de prensa y de investigación de los periodistas que solo actúan bajo el mando de esos “ricos y poderosos” que, luego de conocerlos, dice que “son peores de lo que imaginaba”. El vicepresidente, que se iba quedando sin amigos ni bien pasaban los minutos de la entrevista, no reparó en la crisis que atraviesan los medios de comunicación, en la amenaza que suponen las fake news y en el trabajo de miles de periodistas de todo el mundo que se desviven para brindar información plural, certificada y multicanal a la ciudadanía.

Pero la revelación panfletaria del vicepresidente no terminaría con eso. También aprovechó el tiempo para salpicar a sus compañeros socialistas diciendo que están presionados e incluso “hacen suyo el argumento” de los poderosos. “Tienes alguna duda que las patronales presionan a la ministra (de economía). Y no solo la presionan, a veces hasta la pueden convencer(…) O cómo funciona la política o los lobbies”, dijo textualmente Iglesias.

Más allá del maltrato a la ministra, atrás se esconde la idea de que los diferentes sectores de la sociedad no pueden “presionar” a los gobiernos. Presionar, convencer, persuadir, manifestarse, es un acto y un derecho que todos los actores de nuestra sociedad deben poder desarrollar. No hay presiones buenas o malas, son todas igual de necesarias. Cada actor la desarrolla con los medios que tiene a su alcance. Alimentar la visión que el mundo se separa entre buenos y malos, le hace flaco favor a la democracia. La presión de cualquier actor social frente al gobierno es parte fundamental de nuestro sistema. Genera debate y en la mayoría de casos mejora las sociedades al mismo tiempo que limita el poder de los políticos, esos de los que el vicepresidente no se fía. Creer -como dice minutos después- que las presiones que sus treinta diputados le hacen al gobierno “son buenas” y la del resto son malas, es tener un doble estándar peligroso, y no vale con decir “a mi me votaron y a los empresarios no”. Ese reduccionismo de que la sociedad y la democracia se reduce al mundo político-electoral, es al menos, inadecuada para un vicepresidente.

Fugados de la justicia comparados con exiliados políticos; democracia limitada; compañeros de gobierno poco fiables; ministros maniatados; Gobierno falto de poder frente a los grupos económicos; libertad de prensa discutida; doble estándar frente a las presiones; reduccionismo del ejercicio del poder a lo meramente electoral… Pensándolo así, que solo haya recibido críticas por Puigdemont va a ser un buen balance para Iglesias. Un vicepresidente que no disimuló una superioridad moral auto-impuesta en la que solo confía en él y su “buen criterio”. Un manjar para la derecha. Un flaco favor para el gobierno socialista. Un desaliento para la sociedad.

Ojalá solo haya sido un mal día…

Elecciones en Galicia y el País Vasco:

Elecciones en Galicia y el País Vasco:

Los nuevos escenarios políticos en España

Autor: Enrique Borba, Socio Director de INFOMEDIA.
Publicado en Infobae: Elecciones en Galicia y el País Vasco: los nuevos escenarios políticos en España

Las elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco no han sorprendido en cuanto a los ganadores que fueron los esperados. El gallego Alberto Núñez Feijóo (Partido Popular) revalidó su cargo como presidente gallego por cuarta vez consecutiva con mayoría absoluta y el lendakari Íñigo Urkullu (Partido Nacionalista Vasco) volvió a ganar las elecciones por tercera vez dejando la puerta abierta a un pacto con el Partido Socialista (PSOE) y acceder a un tercer mandato consecutivo. Está claro, ante la crisis provocada por la pandemia y la incertidumbre, que los ciudadanos votaron por estabilidad y experiencia.

Sin embargo, la importancia de estas elecciones autonómicas radica en cómo se reconfiguran los escenarios políticos nacionales y por ello es tan importante analizar las victorias como observar a los derrotados y sus reacciones.

Uno de los grandes derrotados fue sin duda Podemos, la formación de Pablo Iglesias -actual vicepresidente segundo de la coalición de gobierno-. En el País Vasco redujo su caudal de votos casi a la mitad (pasó del 15% al 8%) y en Galicia la formación de izquierda pasó del 20% -16 escaños- en 2016 a la debacle del 4% quedándose fuera del parlamento gallego. En ambas elecciones los ciudadanos que habían votado a Podemos en la elección anterior, prefirieron a los partidos nacionalistas de izquierda: EH-Bildu y Bloque Nacionalista Galego.

Si bien Iglesias en pleno escrutinio fue rápido y reconoció con un tuit “una derrota sin paliativos” y pidió “una profunda autocrítica y aprender de los errores”, lo cierto es que poco movimiento se ha visto en el seno institucional de Podemos. Para tener una referencia, los resultados de las elecciones autonómicas del 2016 le costaron a Pedro Sánchez la secretaría general del PSOE cuando en ese entonces había perdido 3 puntos en Galicia (pasando de 18 a 14 escaños) y 7% en País Vasco (donde se redujo la representación de 16 a 9 escaños).

Sin embargo, en Podemos aún no existe siquiera convocatoria a la Ejecutiva para valorar resultados. Esto habla de un partido que empieza y se agota en un Iglesias que lo es todo. Cabe entonces preguntarse si hay partido más allá de su liderazgo. La centralización de poder, la purga de voces contrarias y la campaña teledirigida desde Madrid hicieron de este primer round autonómico una derrota que aviva ruidos internos, despierta fantasmas y que podría generar alguna fisura. Tendremos que ver cómo sigue.

El otro gran derrotado fue el líder del Partido Popular, Pablo Casado. Si bien el partido que preside obtuvo una contundente victoria en Galicia, él no fue partícipe de nada e incluso tanto su discurso como el de sus alfiles fueron vetados. Casado fue un espectador de cómo su mayor amenaza interna, el presidente Gallego Faeijóo, arrasó en las urnas con un mensaje moderado, localista y poco ideológico al mismo tiempo que protagonizó la derrota de su candidato y apuesta personal en el País Vasco.

Si bien esta combinación de resultados era previsible, la sorpresa fue la reacción de los portavoces. El candidato popular a Lendakari Carlos Iturgaiz, en su comparecencia -donde debía asumir la derrota y uno de los peores resultados de su partido en el País Vasco- comenzó diciendo “hemos ganado a las encuestas” para continuar afirmando que serán “la alternativa”, cuando en un parlamento de 75 escaños, obtener cinco es casi testimonial. Pero no solo el candidato estaba descentrado, el propio secretario general del PP, Teodoro García Egea un día después desde Madrid valoró los resultados al afirmar que le ganaron a Podemos y PSOE, cuando este último en ambas elecciones aumentó su representación en relación a las votaciones de 2016. Como remate, quiso colar que la victoria en Galicia era producto del “modelo Casado-Feijóo” cuando el presidente gallego quitó de toda la publicidad y discurso al Partido Popular limitando a dos las apariciones de Casado en campaña.

Lo que preocupa no es lo que dicen en sí, sino lo lejos que la actual dirigencia del PP está de la realidad. Discursos tan irresponsables como estos erosionan la confianza de sus votantes y de la ciudadanía en general. No hacer una autocrítica por la hecatombe en el País Vasco es un absurdo. En política, la disociación con la realidad es peligrosa o al menos es augurio de malos resultados. El repetir una mentira como que existe un “modelo” conjunto donde justamente se enfrentan dos formas de hacer política no lo va a hacer real. El imponer candidatos desde Madrid sin respetar los sentimientos locales es suicida.

Hay algo que no se suele advertir y es que, en la política, lo usual es que se pierda más veces que las que se gana -por la simple matemática de que siempre hay más candidatos que puestos a ocupar- pero para continuar en el juego del poder, cada derrota debe ser un aprendizaje. De lo contrario, los políticos se vuelven inservibles y a esos, la ciudadanía los expulsa.

Más gallegos que nunca

Más gallegos que nunca

Autor: Enrique Borba, Socio Director de INFOMEDIA.
Publicado en Infobae: https://www.infobae.com/america/opinion/2020/07/03/mas-gallegos-que-nunca/

Quedan menos de diez días para las elecciones regionales en Galicia. Los gallegos acudirán a las urnas a elegir a su próximo presidente (un cargo similar al de gobernador en Argentina) en un contexto atípico de pandemia.

Desde lo electoral, serán unos comicios con poca adrenalina. El presidente de la comunidad, Alberto Núñez Feijóo -que ocupa el cargo desde 2009- compite para ser reelecto por cuarta vez consecutiva. Todas las encuestas lo dan como ganador augurándole una mayoría absoluta con la que eludiría requerir cualquier apoyo parlamentario para gobernar. Sin embargo, la campaña está dejando gestos políticos y comunicacionales que anticipan una inexorable disputa interna en el principal partido de la oposición.  

Las elecciones gallegas no solo tratan de la competencia por la presidencia -que parece tarea sencilla- si no que pondrán a prueba dos estrategias que dentro del Partido Popular están generando una guerra fría cada vez más evidente. Se enfrenta el discurso del gallego: moderado y distanciado de la extrema derecha con la estrategia de emular a Vox y sumar a Ciudadanos que Pablo Casado lidera desde Madrid. 

Feijóo no solo se despegó del discurso del líder del PP, Pablo Casado, si no que también se atrevió a desafiar a todos aquellos que decían que en España no se podía competir por afuera de las siglas partidarias. Es cierto, compite dentro del PP pero se empeñó tanto en eliminar de toda la identidad de campaña las siglas del partido, que por momentos, cuesta reconocerlo alineado a los populares. 

Ni discurso, ni exaltación de símbolos partidarios, ni política nacional. “Esto no es simplemente una cuestión de partidos, de siglas o de logotipos. Esto es una cuestión de prioridades y para mí la prioridad es Galicia, Galicia, Galicia”, repite una y otra vez Feijóo, entendiendo que las elecciones se juegan en clave local y que su competencia no es contra Pedro Sánchez, al menos no por ahora. De hecho, el último barómetro del Centro Sociológico de Investigaciones (CIS) mostraba que un 24% de los socialistas valoraban positivamente la gestión del presidente gallego y un 82% creían que iba a ser reelecto (incluso un 11% lo prefiere antes que al propio candidato progresista). 

“Unión, experiencia, certezas”, suscriben sus spots electorales, tres atributos que el votante ruega de sus gobernantes y que Feijóo no se cansa de repetir haciendo más evidente la distancia que tiene con un Pablo Casado que carece de todo ello. 

Irónicamente, la victoria de Feijóo podría ser perjudicial para Pablo Casado. Como si fuera poco, el mismo domingo habrá elecciones en el País Vasco, elecciones donde se espera un flaco resultado del candidato del PP que impuso Casado en Euskadi. Eso haría más evidente el fracaso de la estrategia y generaría un ruido interno difícil de acallar. 

Relegando el liderazgo de Casado, despegándose del discurso político y tratando temas que le preocupan al votante. Retomando el centro, condenando los extremismos y escapando del tono bronco. No nacionalizando la elección, eliminando al máximo cualquier reminiscencia partidaria y asumiendo el protagonismo absoluto. Esa parece ser la fórmula que adopta el candidato popular gallego para ganar las elecciones del domingo 12 de julio y seguramente para en poco tiempo aspirar a la presidencia nacional de su partido y de España.