DESINFORMACIÓN EN TIEMPOS DE PANDEMIA

DESINFORMACIÓN EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Autor: Graciela Martini, Directora Asociada de INFOMEDIA.

Existen numerosos ejemplos de cómo la desinformación es un fenómeno que se ha intensificado con la pandemia. La sobre información generada por fuentes oficiales y científicas, pero especialmente por la avalancha indiscriminada que genera la circulación de noticias por las redes sociales ha generado una verdadera epidemia informativa llamada “infodemia”. Esta propagación exponencial significa una competencia creciente para los medios de comunicación tradicionales -tanto gráficos como digitales- que deben priorizar los hechos y las fuentes sólidas como premisas en la construcción de sus noticias.

Es cierto también que la incertidumbre del contexto de pandemia genera mayor demanda de información, especialmente científica y oficial, mientras las percepciones de riesgo continúen. A mayor percepción de riesgo, mayor pico informativo y demanda de información confiable.

Según Silvio Waisbord, director de la Escuela de Periodismo y Asuntos Públicos de la Universidad George Washington de EEUU, “en la pandemia, la lógica de la salud no siempre sigue la lógica de la política. Asistimos a un escenario muy particular: los científicos debaten en público cuestiones reservadas a publicaciones científicas, y en algunos temas no hay consenso. Eso genera confusión, en parte porque las audiencias no tienen preparación suficiente como para entender esas disquisiciones”.

Esta tensión entre política y salud pública presenta un desafío interesante al periodismo que tiene que lidiar con un escenario de “ciencia a la vista” y deber identificar guías claras para la cobertura y acceso a fuentes y sitios confiables para dar contexto y perspectiva a sus noticias.

Un estudio del Instituto Reuters y la Universidad de Oxford documentó el acceso a las noticias a principios de abril 2020. El sondeo se realizó en seis países europeos, Estados Unidos y la Argentina. Entre otros aspectos, analiza cuánta desinformación ha existido en la primera etapa de la pandemia y el conocimiento sobre el impacto del COVID-19. Resultados indican que el 90% de los encuestados en la Argentina confían en la información brindada por científicos y expertos. Paralelamente, el 59% de las noticias sobre coronavirus contienen datos engañosos, es decir, combinan datos reales con otros no comprobados, lo que termina sesgando los hechos. Y genera un contexto de desinformación.

Desde las teorías conspirativas sobre el origen de la pandemia hasta casos como la droga antipalúdica y curas no comprobadas, tienen un componente de desinformación que encuentran en la voraz demanda de información de la gente un terreno fértil para generar mayor desconcierto y malas interpretaciones.

¿Por qué permean estas teorías como verdaderas? En parte porque los medios están expuestos a la tiranía de la coyuntura, y la urgencia diaria de la generación de contenidos impide a veces la necesaria curaduría de fuentes confiables. Pero además existe la intencionalidad política de los gobiernos en el manejo de la información de acuerdo a sus objetivos del momento.

Guy Berger, director de Políticas y Estrategias sobre Comunicación e Información de la UNESCO, explica que las falsedades relacionadas con todos los aspectos de COVID-19 se han convertido en algo común. “El gran riesgo es que cualquier falsedad que gane fuerza puede anular la importancia de un conjunto de hechos verdaderos: Cuando la desinformación se repite y amplifica, incluso por personas influyentes, existe el grave peligro de que la información basada en hechos verdaderos, termine teniendo un impacto marginal“.

La pandemia representa un desafío y una oportunidad para los medios de comunicación. Es evidente que este contexto ha generado un crecimiento vertiginoso en la demanda de información confiable para todos los canales, especialmente para los medios. Ya que éstos desempeñan un papel crucial en términos de proporcionar a sus audiencias información veraz, priorizando los hechos y facilitando la comprensión de temas científicos. Es necesario más que nunca distinguir qué es real de lo que no lo es, contar con contenidos de calidad, remarcar la ausencia de información verificable y no menor, informar con sensibilidad y desde una perspectiva humana. Solo así se podrá superar la desinformación y volver a generar una mayor credibilidad en los medios de comunicación.