Cambios en las organizaciones: el renovado rol de la comunicación interna

Cambios en las organizaciones: el renovado rol de la comunicación interna

Por: Melina Beszkin, Consultora de INFOMEDIA.

Si hay algo que no podemos negar a esta altura del año es que la pandemia y el consecuente aislamiento social nos obligaron a patear el tablero de todo aquello que conocíamos dentro de las organizaciones: nos cambiaron las reglas del juego, las fichas, los jugadores y nos desafiaron a pensar qué hacer con todo esto frente a un nuevo escenario –la nueva normalidad-. 

Incluso para quienes ya habían comenzado a implementar el trabajo a distancia, el golpe fue tan rápido y abrupto que hizo tambalear sus estructuras. Sin embargo, lograron acomodarse y repensarse. Es en ese ejercicio de cambio de estrategias donde el rol de la comunicación interna dio un paso al frente y se convirtió en un jugador protagónico dentro de las compañías. 

En comunicación es difícil generalizar porque no hay una sola forma de hacer las cosas, ni métodos buenos o malos. Existen, en cambio, estrategias más adecuadas a cada institución, grupo u organización que van en línea con los atributos, valores y el core del negocio. No obstante, a la hora de pensar cómo fueron mutando los roles durante este último tiempo, podemos imaginarnos dos escenarios más o menos frecuentes. 

Por un lado, el sector dedicado a la comunicación interna se consolidó, ya no sólo como un articulador entre distintas partes, sino como pieza fundamental para que funcione el andamiaje. En otros ámbitos –tal vez los más pequeños- hubo una formalización de esta tarea, más aun en aquellos donde la comunicación se daba de una manera más espontánea, sin un plan que acompañe las acciones. Lo que es claro es que en todos los casos este sector salió fortalecido.

La función de la comunicación interna se tornó más relevante, sobre todo al momento de repensar planes de contingencia. De esta manera, una actividad que era tan cotidiana hasta los primeros días de 2020, hoy, llegando a su final, se convirtió en un desafío: mantener un contacto fluido entre los integrantes de los equipos que ya no sólo no se encuentran en un mismo espacio geográfico, sino que dejaron de compartir tiempos y dinámicas

Asimismo, debieron potenciar su función como soporte a otras áreas y colaboradores, trascendiendo lo estrictamente laboral. Porque si hay algo que nos propuso el home office es disipar la frontera entre lo profesional y lo privado, permitiéndonos conocer un poquito más sobre la cotidianeidad de nuestros compañeros. No solo eso, esta nueva normalidad generó que los responsables de comunicación interna sean considerados –intra organización- eslabones en la toma de decisiones. Un cambio tan trascendental que, sin dudas, llegó para quedarse. Nos toca vivir momentos distintos a los que estábamos acostumbrados, en los que debemos reconstruirnos dentro de un futuro incierto que esta vez no debería tomarnos por sorpresa. Las organizaciones deben estar preparadas para lo que viene, pero ¿qué es lo que viene?  Citando a Horacio Diez: “cuando tuvimos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas”. Pues bien, es momento de barajar y dar de nuevo, salir de la zona de confort y apostar a lo nuevo, a construir dentro de lo desconocido. Aventurarnos frente al cambio.

Desafiar la distancia

Desafiar la distancia

Por: Valeria Franco, Gerente General de INFOMEDIA.

Si generar pertenencia e instalar una determinada cultura organizacional es la inquietud que típicamente desvela a cualquier persona atenta al desarrollo de la comunicación interna, hoy el desafío está exponencialmente complejizado por un factor tan físico como emocional: la distancia.

Porque no es solo la nostalgia por compartir un mate, almorzar juntos o co-habitar la misma oficina para que surjan las charlas espontáneas y los chistes no planificados. También duele -y tal vez más- la palmada de aliento que no pudo ser, la sonrisa de satisfacción de haberlo logrado juntos, la mirada que todo lo dice sin decir una palabra. Entonces, el riesgo que nos impone la inevitable distancia física es grande, y tiene todo el potencial de transformarse en peligrosa distancia emocional… o no.

Porque no hay historias guionadas ni desenlaces inevitables. Hay cientos de oportunidades diarias que, desde una gestión estratégica y consciente de la comunicación, pueden hacer toda la diferencia entre un resultado u otro. Cada organización puede elegir cómo comunicarse, y por ende, cómo escribir su propia historia.

Las recetas universales paso a paso funcionan muy bien en la cocina, no en comunicación. Pero sí hay ingredientes que han demostrado no fallar cuando de comunicación interna se trata:

  • Esforzarse por entender la realidad desde anteojos distintos a los propios, para ampliar la mirada y comprender otras perspectivas. La mitad de los problemas surgen de la incapacidad de desconfiar de nuestras propias explicaciones de lo que vivimos, tanto cuando somos miembros de un equipo como cuando somos responsables de la organización. Le damos valor de verdad a nuestra perspectiva, y desde ahí sentimos, nos enojamos, valoramos y actuamos. Ponernos los anteojos de la otra parte es la llave que abre la puerta del verdadero entendimiento.
  • Responder como organización con creatividad y amor a las necesidades que se detecten en nuestro equipo, a nivel general o individual. Dar respuestas a medida, personalizadas. Y sí, hacerlo con amor.
  • Promover los detalles que significan mucho, aquellos gestos o acciones simbólicas que no necesariamente implican un presupuesto, pero que demuestran que estamos pendientes de nuestro equipo: agasajos sencillos a domicilio, saludos en fechas importantes para cada persona o llamados personalizados en épocas de pandemia, por poner solo algunos ejemplos.
  • Desarrollar un reconocimiento sistemático, individualizado y sincero de todo aquello que suma, que construye. Volverse una organización que agradece de manera serial, valorando cada pequeño o gran accionar positivo de cada persona del equipo es una de las patologías que más curan y nutren a las instituciones.

El objetivo es intentar seguir construyendo confianza a pesar de la distancia. Sobre todo, en épocas de pocas seguridades. Recordemos: la confianza es aquel sentimiento entre personas y organizaciones que nos permite avanzar cuando no hay seguridades. En algún sentido, es lo contrario a la seguridad, y es la clave para que un equipo funcione por arriba del nivel promedio.

Entonces, la invitación es a que la distancia física no nos llene de excusas “tranquilizantes” sobre el inevitable golpe al clima interno, la incapacidad de mantener los vínculos como antes, la natural desmotivación que esto conlleva… nada de esto está escrito, a pesar del contexto. Más aún: es un apasionante desafío para quienes comprenden el valor transformador y el potencial de construcción que existe en la comunicación, para no solo mantener a nuestros equipos conectados a pesar de la distancia, sino emocionalmente aún más unidos.